Cuando Iker salió del restaurant, uno de sus hombres se acercó y le susurró algo al oído, Iker frunció el ceño —¿Estás seguro? —Completamente señor. —Lleva a mi esposa a casa. —Si señor— El hombre dio la vuelta y se colocó en el asiento del piloto. —¿Qué pasa, amor? — Inquirió Emilia muy angustiada. Porque de un momento a otro, Iker había cambiado la expresión en su rostro. —Escucha preciosa, debo solucionar un problema, espérame en casa—, le dio un beso —Te amo. Le abrió la puerta y la hizo ingresar —Ik… —No te preocupes mi amor, todo está bien, en un par de horas llegaré—, se Inclinó y le dio otro beso, también acarició la enorme panza de su esposa —Los amo. Una vez que la puerta del auto se cerró Iker se dirigió al coche de sus hombre y se perdió por la autopista de dicho país

