—Esa perra, desde que no la seleccioné en el casting me ha tomado fastidio. Casi logra que tu abuelo me despida, incluso que tú me mataras—. Iker sonrió al recordar aquella vez cuando apretó el cuello de Leopoldo. Suspiró al remembrar que él fue capaz de hacer todo por esa mujer, creía ciegamente en ella que no dudó en su palabra cuando le dijo que Leopoldo se había atrevido a proponerle cosas inapropiadas, para poder ser seleccionada —Si no confesaba que me gustaban los hombres y que salía con uno de los modelos, me habrías matado. Y todo por esa mujer que no valía ni un peso. —Ya no pienses en ese pasado. Ahora solo ve ha bañarte y dirígete a la agencia, yo tengo cosas que hacer, no puedo estar al frente—, Leopoldo asintió. Iker salió de casa de Leopoldo y solicitó a su chofer le lle

