Era el juez que nos casó, el tipo creía que iba acribillarlo por haberme casado borracho, o más bien drogado, pero lo que hice fue agradecerle por aquello, pues gracias a esa boda hoy tengo la mujer que tengo a mi lado. Dionisio no sé lo creía, para él esto parecía algo irreal, pero al vernos tan felices nos dio la bendición para que tuviéramos un matrimonio duradero. Después de charlar largo rato con el Juez, subimos a la habitación. Al salir del ascensor tomé a Emilia en mis brazos y la llevé hasta la habitacion, al abrir la puerta ella se quedó observando la decoración, sé que esto debí hacerlo hace mucho tiempo, pero siempre dejo lo bueno para el final. Me miró y sonrió, sus ojos brillaban con la poca luz que salía de la habitación. —¡Esto es maravilloso! — deslicé mi mano por su

