Por la tarde, Enrre ingresó a la habitación y encontró la maleta lista. El orificio de sus ojos picó y su corazón se arrugó sintiendo un profundo ardor que lo quemaba. Lentamente subió la mirada a la mujer que se encontraba parada tras su equipaje, la cual mostraba indiferencia y parecía querer deshacerse de él cuánto antes. —Puedes decirle a los niños que estarás de viaje. —¿Por qué?, ¿acaso volveré dentro de una semana?, sabes que ellos son unos niños muy inteligentes, siempre están pendientes de mis viajes y saben que no paso más de una semana fuera de casa ¿Qué le dirás cuando finalice la semana?, ¿cuando pasen los meses y no vuelva?, ¿Qué vas a decir cuando acompañe a Emanuel a las diálisis?, ¿o piensas prohibirme también eso?, ¡ni pienses que me voy a esconder para que tus malditas

