Cuando terminé la última hora de clases busqué André, me despedí de él porque aún le quedaba otra hora de clase. Al salir mi amado Iker ya se encontraba ahí, estaba recostado de brazos cruzados en el Porsche, una de sus piernas estaba firme y la otra cruzada sobre esta. Se veía tan galante y perfecto, las mangas de su camisa blanca estaban subidas hasta mitad de brazo dejando libre su piel velluda. Suspiré profundo y me paré delante de él, sus anchas manos se posaron en mis caderas y me acercaron a su cuerpo, sus brazos rodearon mi cintura estrechándome más a él. Al segundo siguiente me besó apasionadamente provocando envidia en todas las chicas que salían. —Te extrañé—, me abracé a su fornido cuerpo, sus fuertes brazos abarcaban mi cuerpo estrujándole entre ellos. Dentro de unas horas

