—Ik—, pronuncié con el corazón acelerado. Me detuve por un instante en la puerta y luego aceleré mi paso para abrazarlo y comerme su boca a besos, sin embargo, cuando proponía llevar mis manos a su rostro las de él sujetaron mis muñecas y me apartó, en ese momento mis pupilas se dilataron, mis ojos se inundaron de lágrimas y al segundo siguiente estas se desbordaron por el centro de mis pestañas inferiores. Pasé gruesa saliva y me quedé observando la frialdad con la que me miraba, mi corazón se hundió porque mi Ik continuaba rechazándome. —¿Qué haces aquí? —, preguntó posando una pierna sobre la otra. Su voz estaba más ronca de lo normal, supongo que tenía la garganta irritada después de haber llorado durante una semana entera —Como que, ¿qué hago aquí? —, limpié el pómulo con la yema

