Emilia subió a toda prisa las escaleras, llegó hasta su habitación y empezó a empacar, mientras guardaba sus vestidos sonreía sin cesar, ella jamás, pero jamás imaginó que se convertiría en la esposa de Iker Lanús, siempre pensó que se quedaría en un sueño y más nada, agradecía infinitamente a quien les drogó porque si pensaron hacerle un daño, pues lo único que terminaron fue realizando su sueño imposible. Parada desde la puerta Kelly y Lilly la contemplaban, con lágrimas en los ojos Kelly se acercó —Te ayudo. —¡Gracias mamá! —Recuerda que si no te sientes a gusto en aquel lugar, puedes volver, está siempre será tu casa—. Emilia sonrió, pues ella jamás estaría incómoda en aquella casa, mientras estuviera al lado de él, todo sería maravilloso. —No te preocupes mamá, estaré bien. —Hi

