Su casa

1021 Words
—Una prueba practica y sencilla. Pondré a prueba su dinamismo y su dote de ser niñera. En este momento iremos para donde esta ella para que pueda pasar tres horas cuidándola y Thais va a decidir si la acepta o no. —¿Thais? ¿Es el nombre de su hija? —Dije impresionada —Entonces… ¿mi trabajo depende de lo que diga su niña? —Así es. ¿Algún problema con ello? —Nada —Dije sonrojada. Oh carajo. No sé si es parte de lo que dijo acerca de vengarse, pero esperemos que yo pueda conseguir el trabajo. En ese momento, se abrió la puerta y dejaron paso a tres personas. Eran sumamente bellas, esbeltas y delgadas. Todas tenían aires de grandeza. ¿Pero que pedo? ¿Desde cuándo esto se convirtió en una pasarela? ¡Son puras modelos! Había una chica más alta que las demás, y esta se me hacía conocida. Bastante. No sé de dónde pero bueno, tendría que darle más mente. —Hola Archie, esperamos que vengas hoy a la gala que tenemos hecha. Vine en persona para darte la invitación. Ya tu padre aceptó y dijo que si, así que te esperamos —Dijo aquella chica de pelo n***o, flaca y esbelta. Ni idea de quien es. Ella salió con aires de grandeza no sin antes mirarme con asco ¿pero que le he hecho yo a esa estúpida? ¿Pero quién se cree? Solo la miré con una mirada fulminante, de esas que te caen mal. Una vez fuera ellas, Archie me miró. —Vamos a mi auto, de ahí la llevaré ante mi hija para que usted pueda proceder con su oficio —Dijo él de forma tranquila. —Está bien —Dije levantándome. Debía de mantener la calma, hacer las cosas bien y con suerte… ver si consigo el trabajo. Aunque la idea de mudarme con ellos no me gusta tanto. Salimos de su oficina y nos despedimos de la secretaria. Esta nos despidió también con una sonrisa. Mientras avanzamos con cada paso, pensaba deducir el que carajos fue lo que paso ahí con esas modelos y porque lo invitaban a una gala. Oh claro, es un CEO ¿Cómo no lo van a invitar? Retiro lo dicho. Nos subimos a su carro, es un BMW. Este Archie maneja mucha pasta. Espero que no sea un narco en cubierto. Su chofer, una persona mayor, nos saludo con una mirada seria. —Llévanos a la casa, baja el cristal por favor —Dijo en cuanto se sentó. Me senté a su lado ya que él me lo indico. Un cristal polarizado bajó de inmediato separándonos de chofer y solo dándonos privacidad a ambos. ¿Qué es lo que él quiere hacer conmigo? —Bueno, aquí vamos, supongo… —murmuré, intentando que no se me notara el nerviosismo. Este hombre parece estar acostumbrado a un mundo tan alejado del mío, que sentía como si cada movimiento mío estuviera bajo un microscopio. ¿Y si, además de niñera, espera que sepa de etiqueta o algo? No puedo recordar la última vez que asistí a una gala, ni hablar de saber cómo funciona este tipo de vida. Él apenas me lanzó una mirada, como si leyera mis pensamientos, y sonrió un poco de lado, sin decir nada. ¿Qué le resulta tan divertido? No supe si me alegraba o me incomodaba, pero traté de ignorar su presencia, enfocándome en mirar por la ventana. Sin embargo, cada vez que desviaba la mirada, ahí estaba él, analizando cada reacción mía con esos ojos misteriosos. —Entonces, ¿cómo es Thais? —pregunté, rompiendo el silencio. Tal vez era una buena idea concentrarme en lo que tenía que hacer. —Thais… ella es inteligente, sabe lo que quiere y, bueno, a veces puede ser algo exigente, —respondió con una sonrisa de orgullo que suavizaba sus facciones. Parecía otro cuando hablaba de su hija. Asentí, pensando en lo que me esperaba. Si ella iba a ser la jueza de mi desempeño, era mejor estar preparada para todo. —Y… ¿qué le gusta hacer? ¿Tiene hobbies? Archie me miró sorprendido, como si esa pregunta hubiera roto alguna barrera invisible entre nosotros. —Le gusta pintar, dibujar y los animales… especialmente los caballos —me explicó con calma. —¿Caballos? Oh, eso es adorable. Aunque espero que no tenga uno en casa porque... bueno, soy buena cuidando niños, pero un caballo es otra historia, —bromeé, intentando aliviar la tensión. Archie soltó una pequeña risa. Era la primera vez que lo veía realmente reír, y algo en esa imagen me descolocó un poco. Me di cuenta de que él, bajo todo ese aire serio y ese mundo de lujos, era una persona real, con sentimientos. Y aunque seguía siendo un misterio, no pude evitar sentir una pequeña simpatía por él. El auto avanzó por calles elegantes y jardines perfectamente cuidados. Finalmente, después de unos minutos, llegamos a una mansión de ensueño. La casa era enorme, rodeada de jardines tan bien mantenidos que parecían sacados de una revista. Mis nervios regresaron con fuerza; no sabía si estaba más preocupada por conocer a Thais o por entrar a un lugar que parecía sacado de una película de Hollywood. —Bienvenida a mi casa, señorita, —dijo Archie mientras abría la puerta del auto para que bajara. Inspiré hondo y salí del auto, dispuesta a dar mi mejor cara. Archie me guió por los pasillos de la mansión, y el olor a madera pulida y flores frescas llenaba el ambiente. Finalmente, nos detuvimos frente a una puerta blanca. —Thais está dentro, esperándote, —me explicó. Su tono era sereno, pero había algo en su mirada, como si estuviera evaluando cada detalle de mi reacción. Tragué saliva y asentí, ajustando mi postura. Antes de que pudiera decir nada, la puerta se abrió, revelando a una pequeña niña de unos seis años, con una expresión que, sin duda, había heredado de su padre. Su cabello oscuro y sus ojos grandes me miraron con un interés que casi parecía desafiante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD