Baltazar.
Gabriel es de esas personas incondicionales, loco, menso, pero quizás tiene más corazón que Alma y yo, salto las altas rejas, y dejo salir un bufido al reparar en lo idiota que es Mateo Zabet, este lugar carece de seguridad, y solo me basta con tocar la puerta para comprender que ni personal de servicio tiene y no es malo, claro que al poseer una mansión se debe sentir… una gran soledad, Dios, si solo con ver desde aquí en vez de que el lugar te invite a hospedarte, parece una casa fantasmal, de esas donde la soledad te ahoga y mata lentamente… es como si quisiera morir, no solo de soledad, el hecho de que no tenga seguridad que cuide su sueño me deja en claro que no le interesa mantenerse a salvo, ¿Por qué? Es inteligente, eso es algo que jamás podrán negar de él, y por lo que se solo ha matado una sola vez y fue para rescatar a mi madre cuando la secuestraron, pero no lo veo apto para enfrentarse a un ataque, como a los que solemos estar expuestos, y no solo los que nos dimos a conocer como asesinos y mafiosos, el hecho de que él sea un magnate de la construcción, lo pone en el primer puesto para ser secuestrado… salgo de mis cavilaciones cuando veo su automóvil y solo entonces reparo que ya anocheció.
— ¿Baltazar? — pregunta incrédulo y el brillo en sus ojos me da a entender que lo está, no puede creer que su… que yo esté aquí.
— Hola Mateo. — respondo tratando de usar el mismo tono de voz con el que le he hablado desde los 10 años, pero no puedo, se siente raro, ver el anhelo en sus pupilas, un anhelo dirigido a mí siempre es lo mismo, por eso evito ver sus ojos.
— ¿Estas bien? — su pregunta me molesta, odio que sepa cuando algo no está bien conmigo, pero yo no sé nada de él, una vez creí conocerlo, pero luego me di cuenta de que no era así, cuando descubrí que era mi padre y no mi tío.
— Sí, solo… queria saber si puedo quedarme contigo una temporada. — pregunto incomodo, siempre quiso obligarme a que lo llamara padre, como si fuera un perro al cual le ordenas y acata, eso no está bien, pero lo que le hice en Sicilia tampoco, si no fuera por Gabriel, hubiera matado a Mateo en ese viñedo.
— Puedes quedarte el tiempo que quieras. — su voz es fría, como toda su persona, aun así, distingo el brillo de felicidad en el celeste de sus ojos, parece que no me creyó capaz de jalar el gatillo en aquel entonces.
Veo una tonta sonrisa o mejor dicho la mueca de una cuando ingreso en su hogar, aunque no creo que sea solo por mí, es como si estuviera pensando en otra cosa.
— ¿Ya cenaste? ¿quieres que pida algo? — su pregunta me molesta, no me gusta que se preocupe por mí, no quiero…
— Soy bisexual. — le escupo y cuando lo veo levantar los hombros recuerdo que tío Felipe, uno de sus quintillizos es gay, claro que no le tomara mayor importancia a lo que le digo.
— Bien por ti, en esta vida se debe probar de todo. — rebate como si nada y abre la nevera, no es una buena idea que este aquí, soy un estúpido, últimamente no sé qué le pasa a mi cabeza, quiero que me corra de su hogar.
— ¿No me preguntaras donde estuve el último año? ¿o donde rayos me metí esta semana? — su cara no cambia, una roca cincelada por el mismo diablo, al igual que su alma.
— Hades me dijo que no quieres hablar de tu último año. — no puedo evitar sorprenderme, aun después de lo que paso en Sicilia siguió preguntando por mí. — No pienso molestarte con cosas que sé que no me contaras, pero deberías llamar a tu madre e informarle que estas aquí, no se veía bien hoy cuando…
— ¿Mamá fue a verte? — mi santa madre debe estar muy preocupada, si fue capaz de ir a ver a Mateo, no lo odia, pero tampoco lo quiere cerca.
— Esta tan desesperada por saber de ti que pidió mi ayuda, ¿quieres pizza o llamo y pido otra cosa? — escases de paciencia, eso describe muy bien a Mateo Zabet.
— Eso está podrido Mateo…— respondo apuntando cuan podrido esta ese trozo de pizza que me está mostrando — ¿Cómo es que aún no te has muerto? — pregunto con desprecio, si, desprecio de que sea un cobarde, estoy comenzando a comprender a este hombre que quiere verse y mostrarse como un ser frio, pero que sin embargo sufre, en soledad, al extremo de no preocuparse de su bienestar.
— Seria hacerles un favor a muchas personas y no soy de hacer favores. — la máscara que lleva de rostro no se mueve, el que si lo hace soy yo, odio que aun después de tantos años no pueda ver su corazón como lo hago con Hades y mi madre.
— Sí, ese eres tú, nunca le harías fácil la vida a nadie. — murmuro más para mí que para él, que gran mentiroso, si se nota a millas que lo que más quiere es morir.
— Tu eres igual. — rebate y lo veo con furia, ¿soy igual? ¿soy un cobarde que al perder el amor se dejara morir de soledad? — ¿Quieres que pida algo de comer o no? — no alcanzo a responder porque su móvil comenzó a timbrar— ¿Elizabeth? — Elizabeth, debe ser de quien me hablo mamá, su voz se hace dulce y cargada de preocupación y es la primera vez que veo un estibio de ser humano en él, por lo que no pierdo tiempo y me acerco para escuchar todo.
— ¿Señor Zabet? — ¿le gustan las jovencitas? Imposible.
— Él habla. — su voz demuestra aburrimiento, lo que me confirma que no es Elizabeth quien le habla, pero no solo eso, también veo que esa mujer lo puede hacer caer con solo una llamada.
— Soy Delfina, la hija de Elizabeth…
— ¿Qué sucede? ¿tu madre está bien? — definitivamente solo le preocupa la madre de la joven que llora aún más fuerte que un bebé.
— No, ella no está bien, nuestra casa se incendió y mis padres fueron llevados al hospital, no nos quieren dar información aunque le dije que soy mayor de edad, que cumplí 18 años hace unos días… es por eso por lo que lo estoy molestando, mamá siempre habla de usted, dijo que era su único amigo… no sé qué hacer con mis hermanos… no tenemos familia aquí… — veo que el gran arquitecto Mateo Zabet, está a nada de perder la cordura y gritarle a una joven que se nota que solo necesita ayuda, por lo que le quito el móvil.
— Hola, soy Baltazar, hijo de Mateo. — no lo pensé, esa frase salió sola de mí, y no pienso detenerme a pensar por qué. — Dime donde están, mi padre y yo iremos por ustedes, no debes preocuparte por nada, nosotros los cuidaremos hasta que tu madre se recupere. — sonrió al escuchar el bullicio de un par de niños más, entonces ya sé porque Mateo aún no ha convencido o así sea conquistado a esa tal Elizabeth, le tiene fobia a los niños, si ni siquiera me queria a mí.
— En el hospital Albrecht.
— Bien, en diez minutos estaremos allí. — finalizo la llamada porque el ruido que hace la joven al llorar es desesperante y no por pena, nosotros no estamos acostumbrados a llorar por nada y menos de esa forma, debe ser una niñita de mami y papi.
— ¡¿Qué mierda has hecho?! — un grito, el hijo de puta me está gritando, algo que me divierte, nunca lo hizo, nunca demostró su verdadero ser en mi presencia y es eso mismo lo que quiero, deseo conocer a mi padre.
— Demostrarte que no soy igual que tú, yo si hago favores. — rebato solo para molestarlo, grítame otra vez, Mateo, no te contengas, deja de ser tan… malditamente inhumano.
— Bien genio, iré por la camioneta, espero que sepas cuidar niños, porque deberás ayudarme. — dejo de sonreír al darme cuenta de que he condenado a un par de niños a convivir con este demonio.
— ¿Cuántos niños tiene tu amiga? — a cuantos niños traumare por ser tan egoísta de querer conocerte un poco más, para ser más específicos, tu lado humano, porque lo debes tener en algún lugar.
— Veamos. — toma su mentón y mi preocupación crece, por favor que solo sean dos y que sean mayores, cosa que la frialdad de mi padre no los lastime. — Delfina, Tiara, Emilia, Santino, Bautista y no puedo olvidarme del pequeño Nazareno. — retrocedo con cada nombre, ¿Qué rayos hice? Debería llamar a Gabriel… pero ¿en qué pienso? Si Mateo los traumara con su frialdad, mi hermano los enviara a un psiquiátrico con su comportamiento.
— ¿Tu amiga no sabe que existen los anticonceptivos? — especto casi sin aire, ni mi madre es tan fértil.
— Ella sí, el idiota de su esposo no los tiene en cuenta por su absurda religión.
— ¿Y cuál es esa? ¡¿Sobrepoblemos el planeta?!
— No lo sé, ni me importa, lo único que me importa es ir a ese maldito hospital y de camino, rezar porque Elizabeth este bien y nos quitemos a esos mocosos de encima lo antes posible. — y allí esta una vez más ese brillo de… amor, veo amor en los ojos de Mateo, no lo puedo creer.
— Sí que te preocupas por tu amiga. — trato de tirar un poco más la soga, pero es un peligro con Mateo, puede que seda, puede que sea yo quien termine ahorcado.
— Me preocupa tener a una adolescente como Delfina bajo el mismo techo que mi hijo bisexual. — su conclusión me enfada, más aún porque yo ya amo a alguien, un ser que no vale nada, pero aun así… lo amo, maldición.
— Oye, que yo no soy como tú. — rebato casi a grito y es cuando se gira para encararme con pena en sus ojos.
— Sé que estas sufriendo por amor Baltazar. — siento la sangre abandonar mi cuerpo, no lo puedo creer, él lo sabe. — Lo veo en tus ojos, yo ya estuve en tu lugar, solo espero que tengas razón y no seas tan idiota como lo fui yo, que, por querer llenar el vacío de mi corazón, arruine la vida de tu madre.
Nunca vi el arrepentimiento en sus ojos, hasta el día de hoy, solo hasta qué Elizabeth aparece en la ecuación y por supuesto sus hijos, es que puedo ver a Mateo como es, y es lo que me lleva a decidirme por quedarme una temporada con…
— Papá. — susurro aun en una nebulosa confusa, que solo puedo escapar de ella, gracias al abrazo del ser más frio y egocéntrico que conozco, mi padre.