P.O.V Drake Wells. De mi proceder en el trabajo, cualquiera me separaría de esos gangsters bronxitas que juegan con revólveres y sueñan con fajos de billetes. A diferencia de ese tipo de "mafiosos", yo sí era peligroso. No me gustaba dejar huellas, mis planes nunca contaban con puntos débiles. Después de una exhaustiva investigación sobre Sylvia, Hannah o, a la que —en clave— decidí llamar Athenea por la ironía de la situación, dispuse toda una argucia en marcha para poder atraerla por voluntad propia y devolverla a los brazos de un c*****o. Porque así como había descubierto que Athenea y su madre llegaron a Estados Unidos después de que la pequeña naciera, que era una apasionada de la fotografía o las teclas de un piano y que había vivido hasta el momento engañada por una mujer que le

