Eran 13 horas de vuelo eternas. El perfume de Gabriel me estaba torturando de maneras sobrenaturales. —¿Gabriel podemos hablar? —este se quita los audifinos como si estuviera esperando esa pregunta. —Por supuesto que podemos hablar Leonor. —cierra la laptop para voltear a verme. —¿Por qué ahora? —Él suspiró y bajó la mirada. —Porque ambos hemos estado en una misma lucha solo que separados. —explica. —Gabriel sí acepto volver a intentarlo contigo, necesito que me seas sincero. ¿Tú sabías que yo iria para Tokio? —Gabriel sonríe travieso mostrandome esos dos hoyuelos en sus mejillas que me derriten. —Tengo que confesar que sí, tampoco llegué tarde y le pedi a la azafata que me pusiera a tu lado adrede. Era la unica forma que no pudias huir de mí. —toma mi mano suave—. Leonor compre
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