4.Despedida

1359 Words
Me sentí salvada cuando al día siguiente, cuándo llegué de casa de una compañera de clase con la cual me reuní en su apartamento para hacer un trabajo de grupo y me encontré con mi madre. Ella bebe un café mientras habla amenazante con mi tía. —¡Oh, llegaste! —exclama mi tía y me sentí morir. En la mañana no había tenido que enfrentarla pues ella salió muy temprano ha hacer algunas diligencias y yo bueno aproveche para salir, pero ahora era imposible escabullirme. —Buenas tardes —saludo tímida, bajando mi mirada. Mi madre me regala una sonrisa, cosa que me hace fruncir el ceño. Estaba más feliz que de costumbre. Mi tía me abraza y me da dos besos en las mejillas haciéndome sentir peor. —Tu tía me está contando que te portaste muy bien. Hasta Manuel está sorprendido con la mujercita tan educada que te has convertido. —Trago profundo al escuchar el nombre del esposo de mi tía. Si ellas supieran cómo le demostré lo mujer que soy no estarían tan felices. —Sí —susurro poco convencida. Ya quiero salir de ahí. —Me alegro que hayas disfrutado estar con tu tía, pero hoy tengo una cena importante y quiero que estes a mi lado. —comienza a decir mi madre y eso me hace tener más dudas. —Claro. —hablé más animada. Es raro que mi madre me invite a sus cenas de negocio. Subo a recoger mis cosas y bajo hasta el recibidor donde mi madre ya me espera. Me despido de mi tía con mucho sentimiento. Aunque no crean me siento terrible por lo que hice, aunque debo admitir que lo disfrute y hasta me volví a masturbar pensando en la polla de mi tío bombeando en mi interior. Monto en el auto con mi madre y esta comienza a hablarme del viaje, de todo lo que hizo con un tal Juan Carlos. Según ella él es un militar que está por retirarse. Un hombre culto, profesional, pues estudió leyes y trabaja como juez en un tribunal militar. Ella hablaba del tal Juan Carlos con tanta familiaridad que tuve que preguntar. —Mamá, me quieres decir que conociste a ese hombre y eres … —El auto se detiene al igual que mis palabras. —Sí, Leonor. Juan Carlos y yo comenzamos una nueva relación y nos vamos a casar en unos meses. —abro grande mis ojos. No por la noticia, es porque mi madre siempre decía que no se volvería a casa y quien la viera tan emocionada hablando del militar. —Me alegro mucho. —digo sinceramente. Ya sabía yo que tanta felicidad se debía a algo. Pues hasta yo si tuviera un machazo que me diera v***a diario. Sonreía más de la cuenta. Llegamos a la casa y mi madre me explicó que mi próximo padrastro nos espera para cenar en un lujoso restaurante de acogida Argentina del área. Nos arreglamos de acuerdo al lugar y salimos retomando una conversación más abierta. Era la primera vez en mucho tiempo que mi madre me escuchaba, me sentí feliz por eso, pues aunque no digo que tenemos una mala relación tampoco es perfecta y entre su amargura por el divorcio y su trabajo nos alejamos algo Juan Carlos terminó siendo un hombre de la edad de mi padre, muy apuesto por cierto y ameno, me contó que tenía un hijo de mi misma edad y que en cuanto pudiera mudarse a la casa lo invitaría a pasar unas vacaciones con nosotros. Si se parece a él tal vez, solo tal vez pueda enredarlo y probar su polla. La cena la pasé amena. Al llegar a la casa subí a mi habitación. Escuché que mi celular sonaba y vi que era un video de Manolo. Mi corazón latió fuerte al ver el remitente. “Mi polla extraña tu calor, lo intente con mi novia pero tu calor es más rico”. —dice el mensaje con una pequeño video de él haciéndose una paja mientras decía mi nombre. Eso me calentó mucho y enseguida lo llamé por videollamada. —Pequeña traviesa. —contesta y muerdo mi labio. —Quiero leche, dame tu leche. —dimo y él gruñe mostrándome su glande húmedo. —Anda quítate esa ropa y muéstrame cuánto deseas leche. —sugiere y enseguida lo hago. Abro mis piernas y hundo dos dedos en mi para sacarlos y mostrarle mis fluidos. —Ahora si me crees. —gimo y busco mi vibrados para estimular mi clítoris mientras que con mis dedos bombeo mi interior hasta alcanzar mi orgasmo seguida de Manolo quien embarro su móvil por mostrarme toda la leche que tenía almacenada para mi. —Voy a buscarte la semana que viene, quiero cogerte en el carro. Asiento y terminamos la llamada con esa promesa. Yo me sentía muy feliz, mi primo me había llamado y ahora tendría una polla rica para divertirme durante la semana. ☙❣☙❣❧☙❣☙❣❧ Como prometió, Manolo me esperó el miércoles en la entrada de la universidad. Al entrar al auto este me sonríe travieso y me hace mirar su bulto. —Está listo para tu boquita. —dice poniendo el auto en movimiento. Yo ni corta ni perezosa me atreví a abrir su pantalón para sacarlo y llevarlo a mi boca. —¿A dónde vamos? —pregunte mientras lamía su glande. —Al parque, conozco un lugar apartado allí podremos follar tranquilos. —asiento sin dejar de chupar su v***a. Lo llevo hasta mi garganta y lo saco uso mis manos para estimularlo y vuelvo a repetir la acción de llevarlo a lo más profundo. —Mierda, tu boca me pone a mil. —gruñe y siento como el auto se detiene. Manolo enreda mi cabello en su mano y comienza a follarme la boca—. Vamos zorra, toma toda mi leche. —gime en el momento en que siento esa espesa y caliente leche golpear mi garganta. —Yome todo lo que pude además de lamer todo su falo dejándolo limpio para otra sesión . Manolo se logra estacionar nette unos árboles y me hala hasta el montandome a horcadas. —Donde están esas ricas telas.—este rompe un poco mi camisa para terminar de sacar mi pequeños pecho. —No te burles. —digo y este niega. —No me burlo, me gusta ver que tus pezones se ponen duros y le da ese toque entre dulce y sensual. Aclara mordiendo uno de mis pezones. —Quiero v***a. —pido haciendo un mohín. Manolo sacó un condón para ponerlo en su polla. —Ven pequeña, tu polla está lista para ti. —dice y sin más bajo por su falo lubricando el condón con mis fluidos. —¡Oh! Esto si es rico. —Gimo de placer al subir y bajar por esa vara dura. —Disfrútala pequeña, correte todo lo que quieras. —eso fue como decirme que hay buffet gratis, me serví con una cuchara grande. Me corrí tres veces antes que Manolo lo hiciera en la bolsa de plástico. Caí sobre su cuerpo y este me dio un beso en la frente. —Me gusta coger contigo, pero tengo que irme a Misuri, tengo un semestre allá. Así que espero poder volver a verte a mitad de año o en la boda de tu mamá. Asiento triste. —Sí, bueno, a mí me gusta coger contigo, también. Te veré entonces. —digo un poco triste pues la v***a de Manolo me satisface sin culpas. Nos despedimos como los primos que somos frente a mi madre. Manolo me sonríe cómplice. —Recuerda que nos vamos a ver pronto. Te cuidas. —me guiña el ojo y pone en movimiento su carro. —Me gusta ver que te llevas bien con tu primo. —dice mi madre y asiento. —Si, nos llevamos muy bien. Diría yo que nos hemos vuelto cómplices. —digo con malicia y mi madre solo sonríe y me escolta hasta el comedor donde ya estaba la cena servida.
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