Samira se miró las manos y sintió que se sonrojaba. A juzgar por el rastro de aceite, quizá le había masajeado la parte trasera de los muslos a la Señora Samira una sola vez. El resto del tiempo, mientras soñaba despierta, sus manos y dedos solo habían tocado la parte trasera de las rodillas y la parte interior de los muslos, hasta donde formaban un pliegue. —Bájate —espetó la señora Samira—. Y quédate en la esquina. Si te das la vuelta, te daré una bofetada. Dakota salió corriendo y se dirigió hacia la esquina de la habitación. Oyó a la señora Samira levantarse de la cama y luego el crujido de la tela. Intentó escuchar con atención para adivinar qué haría la señora Samira a continuación, pero lo siguiente que ocurrió fue una mano que la agarró del pelo. Dakota hizo una mueca cuando la s

