Dakota Dakota había recibido muchas órdenes de la Señora Samira que la hicieron detenerse, o incluso quedarse incrédula. Algunas la ponían muy nerviosa y aprensiva. Nunca había tenido una experiencia en la que sintiera un miedo legítimo. Era una nota que le habían dejado después de terminar sus tareas esa mañana, pegada a la puerta del baño. Solía ir allí después de limpiar, y a veces la señora Samira le dejaba órdenes escritas. Dakota se había acostumbrado a buscarlas después del par de veces que se le escapó una y se le había puesto el culo rojo por ello. > Ponte tu ropa de calle habitual, completa, y ven a mi oficina. Obviamente, ya le habían ordenado usar ropa para salir antes. Por muy excitante que fuera la idea, pasear a Dakota desnuda por el supermercado no le serviría de

