No han sido mis mejores días… No logro comprender la desaparición física de mi hermano, creo que jamás voy a superar esta parte de mi vida. Me despierto llorando, si voy a comer y le recuerdo me pongo nostálgica, huelo el pan y le recuerdo. Todo está impregnado de su existencia, una existencia que solo queda en nuestra memoria y en la de quienes le conocieron... Pero necesito sacudir mi tristeza e intentar sobrevivir a tanta crueldad. Debo elevar mi rostro y hacer frente a mis compañeros, pero desde hoy voy dispuesta a caerme a golpes con el que se le ocurra molestarme. Ingreso a clase, he llegado un poco tarde pero la profesora de prácticas es muy comprensiva, nos reunimos para organizar una exposición sobre un tema y los demás chicos me tratan normal, como si no hubiese sido víctima

