Abrí los ojos por monotonía, anoche no logré descansar y sé que eso me traerá consecuencias para el día de hoy, pues mí carácter empeora con el sueño y lo último que necesito es volver a discutir con Aric, no creo que su nariz aguante otro golpe y mucho menos que salga ilesa de aquello.
Algo me decía que aquel hombre se había contenido por algún motivo particular, tenía que haber algún motivo, pues demostró su poco agrado hacía mi presencia ni bien llegue a la casa y ni hablar de la falta de cariño hacia mí persona. El hombre no me quería acá y yo no lo quería a él, por lo que eso solo podría ser sinónimo de problemas.
Vague por los recuerdos de mi mente mientras observaba el techo, no sé si hice bien en volver, creo que no, pero ya estaba aquí y debía que enfrentar todo esto.
Anoche, cuando pensé que no había nadie y seguramente ellos pensaron que dormía, los escuché discutir en la oficina, no hizo falta que los espiara, los gritos fueron tan altos que se entendían sus palabras a la perfección. Mis hermanos me defendían y estaban molestos, muy molestos. Usaron gran cantidad de calificativos contra su padre y lo amenazaron de todas las formas posibles, pero lo peor es que aquello ocurrió a las cinco de la mañana, al parecer los hombres de la casa no dormían.
Me levanté a regañadientes, no quería saber nada con amanecer, pero tenía una larga lista de pendientes, necesitaba ir al orfanato, comedores, comprar ropa y las cosas para remodelar mi cuarto y, para terminar, ir a ver algunos lugares para poner mi empresa. Me coloqué un conjunto deportivo y caminé hasta el gimnasio, el lugar estaba en completo silencio, no había rastros de mi padre o hermanos, ni siquiera nana se encontraba a la vista.
Abrí la puerta y me topé con uno de los guardias de ayer, era el moreno que sonrió de lado cuando golpeé a mi padre, pero que no dudo en apuntar la pistola a mí cabeza. El hombre dejo su entrenamiento y se paró derecho con los brazos en su espalda, incline la cabeza y observe su postura, pero no dije nada, a diferencia de los dos de anoche, este ni siquiera me miraba.
- Buenos días señorita - moví la mano con desdén y me acerqué.
- Solo Samantha o Sam - levanté mí mano para que la estrechara - Ya me viste romper una nariz y tú me apuntaste con un arma - media sonrisa se formó en el rostro del moreno - Creo que podemos tutearnos, señor… - dejé la frase inconclusa.
- Ibra Leque - acepto mí mano y sonreí.
- Bueno Ibra, entrenaré un rato y tú puedes seguir con lo tuyo - me aleje - En algún momento me gustaría que me contases algo de tu hogar, por los nombres parece que vienes de África. - sonrió - ¿O me equivoco?
- No, no se equivoca seño…- lo mire con reproche y él entendió – Samantha.
- Mucho mejor - subí a la caminadora, necesitaba calentar antes de comenzar con las pesas y demás.
Hacía ejercicio todos los días, no porque lo necesitará a nivel físico, no tenía un mal cuerpo y eso quedó en evidencia cuando el personal de seguridad se quedó mirando más de lo debido en la noche. Sí, ese no era el problema, el problema era mi temperamento y como controlarlo.
Durante años trabaje en mi autocontrol y la forma correcta de manejar mi mente y cuerpo, siempre sentía enojo y resentimiento, no sabía la causa, pero aquella sensación me llevaba a una faceta para nada linda. Fue por eso que llegué al local de Julián, así fue que lo conocí, después de intentos fallidos de yoga y Reiki, opté por las artes marciales, armas, defensa personal y boxeo. Ahí descubrí que el boxeo me relaja, las artes marciales canalizaban mi ira y la defensa personal me hacía menos agresiva.
Habían pasado dos horas desde que entre en aquel lugar, mi cuerpo estaba transpirado, la respiración agitada y el rostro algo rojo por el esfuerzo, me serví agua y emprendí viaje hacía mi habitación, logre dar solo dos pasos cuando mi hermano se interpuso en el camino. Edel llevaba su pelo peinado hacía el costado, la remera negra se ajustaba perfectamente a su torso y el jean azul oscuro destacaba sus largas piernas.
- ¡Hasta que te encuentro! - levanto los brazos dramáticamente.
- Solo hacia ejercicio - Sonreí lo más simpática que pude.
- Ya veo – me miro – Ahora entiendo.
- ¿Qué entiendes?
- La fuerza que tienes – tomo mi brazo y me llevo arrastrando por el pasillo - Llegó tu guardaespaldas - rodé los ojos - Vamos que te lo presento.
- Sabes que no es necesario verdad – me ignoro completamente y abrió la puerta del despacho – Dime que Aric no está aquí – susurre.
- No, tranquila
Pasamos al despacho y observe a Brant hablando con un hombre que nos daba la espalda en este momento. Sus ojos se encontraron con los míos y me sonrió para luego mirar mi atuendo y entrecerrar los ojos. Por mi parte solo señale a mi hermano que rodo los ojos.
La verdad es que no estaba en condiciones para conocer a nadie, llevaba un top deportivo que ahora estaba transpirado y unas leggins hasta la rodilla, mi vientre estaba descubierto y mi pelo atado en una cola alta para evitar calor en mi nuca. Tome un nuevo trago de agua y mi hermano hablo.
- Señor Liam Smith, le presento a mi hermana Samantha Schroeder
El hombre se levantó del asiento y acomodo su traje para luego girarse y darme la mano, algo que quedo totalmente en el aire cuando nos vimos. Liam, era nada más ni nada menos que el idiota que me golpeó la cabeza en el avión.
- Tú – dijo levantando la cejas con asombro.
- Yo – respondí señalándome – Más bien tú… - lo señalé.
- ¿Se conocen? – pregunto Edel.
- Si, nos cruzamos…
- Nos cruzamos en Europa – lo interrumpí – Le tire mi café encima y arruine su ropa – levanto ambas cejas.
- Arruino mi camisa para ser más precisos– comento él – Tuve que faltar a mi cita gracias a eso – sonrió de lado y me observo de arriba abajo.
- Vaya… que chico es el mundo – dijo mi hermano mayor.
- Ni que lo digas – suspire y lo mire.
El idiota me miraba divertido, sus ojos se mantenían en los míos, pero puedo jurar que ya me saco radiografías varias veces. Los ojos de mi hermano mayor fueron a mis brazos y se acercó, con sus entrecejo formando una “v”.
- ¿Cuándo te los hiciste? – observe lo que miraba para darme cuenta que todos me vieron tapada hasta el cuello ayer.
- Hace bastante – gire mi brazo dejándole ver el diseño del aborigen y las rosas que ocupaban todo mi brazo izquierdo – Tengo varios.
- ¿En dónde? – pregunto Edel y comenzó a examinar mi piel.
Mis ojos se toparon con el rostro de Liam, su mirada ahora no se apartaba de mi cuerpo, sus ojos veían el tatuaje de mi brazo, hasta que corrió su vista a mi vientre y levanto una ceja al ver las pequeñas puntas que asomaban debajo de mi pecho.
- Bueno, bueno – me aleje de mis hermanos – Treinta años, mujer grande, mi cuerpo, no me toquen – ambos levantaron las manos.
- Está bien, pero no nos ropas la nariz – comentó Edel y yo rodé mis ojos con las palabras de mi hermano.
- Me iré a bañar, tengo que salir – mire a Liam – Nos vamos en veinte pingüino – me asome a la puerta y pare – Busca a Ibra, los quiero en mi habitación en quince, necesito que bajen unas cosas.
- ¿Por qué Ibra? – Brant me miraba curioso.
- Me da confianza – subí mis hombros.
- Te apunto la cabeza con un arma – Edel parecía no comprender.
- Lo sé – los mire – Pero aun así confió en él.
No dije más nada y salí directo a bañarme, estaba completamente pegajosa. Tarde exactamente diez minutos en arreglarme completamente, pero aún tenía que esperar a los hombres de n***o en mi habitación. Sentí un pequeño golpe en la puerta y la abrí para encontrarme con los ojos de Liam sobre mi anatomía nuevamente.
- ¿Qué tanto me miras? – pregunte algo exasperada.
- Trato de entender como una enana como tu logra romper una nariz – ahí estaba su lengua venenosa nuevamente.
- ¿Quieres que te muestre cómo? – di un paso hacia su cuerpo hasta que quedar a escasos centímetros de su rostro.
- Yo que tu no me acercaría tanto preciosa – susurro en italiano mientras se acercaba – Puede que sea tu guardaespaldas, pero sigo siendo hombre.
- Y un imbécil – me alejé y salí apurada.
Baje las escaleras de casa como alma que lleva el diablo, no entendía que se proponía este muchacho conmigo y tampoco tenía intenciones de averiguarlo, su presencia generaba demasiadas cosas en mí, cosas que me ponían sumamente incomoda.
Camine directo a la cocina donde nana me preparaba algo de comer, los guardias estaban en la mesa dispuesta para ellos desayunando hasta que entre y se levantaron, Liam entro detrás de mí sin mirarme hasta que se colocó al lado de Ibra.
- Oh por dios, ya dejen de hacer eso – me queje y nana se rio – Me llamo Samantha, pueden decirme Sam, no me importa como traten a mis hermanos o mi padre, cuando este sola, no hace falta que dejen de comer, solo con un buen día está – le di un beso a nana en la mejilla, mientras ellos se sentaban y yo hacía lo propio en el desayunador.
- Tu padre se enojará si te ve acá – Teresa me miro y rodé los ojos.
- Sabes lo que pienso, de lo que él piensa – negó con la cabeza – Que puede meterse su opinión…
- ¡Sam! – Brant entro en la cocina, haciendo que todos los pingüinos volvieran a levantarse. - ¿Qué haces aquí? Te estamos esperando.
- ¿Está Aric en la mesa? - gire mi cabeza y observe de reojo a los muchachos que hacían como que no escuchaban.
- Si – suspiro – Pero ya se marcha – entrecerré los ojos – ¿No quieres ver cómo le quedo la nariz después de tu golpe?
- Eso es jugar sucio – lo acuse y Teresa volvió a reír.
- ¿No te da un poco de curiosidad? – cruzo los brazos y levanto una ceja.
- ¿Está muy fea? – sonrió como niño a un chupetín.
- Horrible – me bajo del taburete tirando mi mano y me dispuse a salir, pero me frené antes de llegar a la puerta.
- Nana prepara hielo por las dudas – rodo los ojos.
- Es de mala educación hacerle eso a las personas – cruce mi brazos divertida mientras mi hermano nos miraba sonriendo.
- Tú – me señalo – Lo haces todo el tiempo señorita – chasquee la lengua.
- Ya… pero yo no soy una persona respetuosa – gire a los guardias - Ustedes tienen prohibido apuntarme, pero les recomiendo que alguno vaya por si me excedo – algunos de los muchachos rieron incluido el moreno – Liam y Ibra ¿pueden bajar las bolsas que están el suelo de mi habitación por favor?
- Claro – dijeron a coro y salí.
- Van a pensar que eres una loca – su mano se posó en mi hombro.
- No está muy lejos de la realidad – mire a Brant.
- Trata de no pelear, no queremos romperle la cara. – hice un puchero.
- Eres un aguafiestas. – carcajeo un poco y caminamos al salón.