Joshua Tomarse un chupito de guaro a las dos de la madrugada puede parecer una estupenda idea en el calor del momento, pero cuando unas horas más tarde una molesta alarma sonaba muy cerca de tus moribundas neuronas, es un gran error. Gruñí bajo, y ya entonces algo en mi cabeza me dijo que la cosa andaba mal, pero no me encontraba muy en condiciones de hacer un estudio de la situación. Le di un manotazo al móvil y se quedó callado. Miré hacia Giselle, que yacía a mi lado durmiendo a pierna suelta bajo el edredón, y muy relajada a juzgar por esos ronquidos de rinoceronte tan poco femeninos, y opté por dejarla dormir un poco más. Eran las siete y no teníamos que hacer acto de presencia en las oficinas de Bogotá hasta las diez. Había tiempo de sobra para arreglarnos, pero antes… Antes íbamo

