Comprendí enseguida que Joshua estaba fingiendo un desmayo. Después de todo, no se le podía negar que era bastante ingenioso. Me apresuré a entrar en la Sala Constantino, en cuanto los dos porteros me dieron la espalda. Lo último que vi fue la imagen de mí misma tumbada entre dos gigantes XXL dándome aire con unas hojas de palmera. El patio con sillas estaba en semipenumbra y gozaba de un lleno total. Vaya, pues sí que era famoso el señor Pernos . No tardé en divisarlo en el centro del escenario con un foco de luz blanca alumbrándole de lleno la calva. Llevaba esta vez el cabello suelto y una camisa floreada al más puro estilo hawaiano. El público estaba en completo silencio escuchando su discurso. Con la mirada busqué un sitio libre pero no vi ninguno, así que me fui desplazando a la de

