Las malas lenguas afirmaban que Joshua era un campeón de la coquetería, algo que yo misma había comprobado en los últimos días. Parecía que en cada puerto tenía una mujer y no perdía ocasión en cuanto una se le lanzaba. Lo había observado. Vale, lo admito: no podía quitarle los ojos de encima. Y no entendía por qué. O quizás sí, pero prefería no pensar en ello.
Era contradictorio. Y fue algo que me puso un poco de cabeza. Desmontando mis teorías y creencias.
Mis firmes convicciones sobre cosas que nunca haría. Me sentí como un idiota. Me pesaba demasiado que, a pesar de todo lo que representaba y odiaba, me pareciera tan atractivo y deseable, sin contar el hecho el sentimiento de culpa, por qué tenía novio, a uno que amaba.
Nuestro destino, después de nuestro paso por Nueva York, sería a unas delegaciones en las que nos había ido muy bien, en Bogotá Colombia, se encontraba la mayor delegación de América, luego iríamos a Argentina, México y terminaríamos en París, donde la empresa había tenido la amabilidad de reservar tres noches en un resort para un merecido descanso después de un ajetreado viaje de negocios.
Era una gran responsabilidad que la alta dirección me confiara la presentación del proyecto, pero todo el mundo sabía que yo era la mente detrás del proyecto y lo conocía mejor que nadie, porque junto con el equipo de ingeniería había diseñado el prototipo de los paneles que era el inicio de la puesta en marcha de un fantástico programa comercial que era demasiado grande para el momento.
Ahora bien, el prototipo no era viable a escala doméstica, sólo a escala industrial, y ahí es donde el papel Joshua entra en cuestión. Era un genio para las estrategias económicas.
Tras el capital que esperábamos inyectar de los inversores estadounidenses.
Esperábamos poder ampliarlo tanto económica como en producción y que, en pocos años, pudiera llegar a los hogares, revolucionando el consumo energético doméstico y dando una merecida patada en el culo a las compañías eléctricas.
Antes de comenzar el viaje, sólo conocía a Joshua por haberme cruzado con él en los pasillos. Era muy alto, tanto que era imposible no fijarse en él y siempre llevaba una media sonrisa perezosa y jactanciosa.
Ya sabía de su personalidad desenfrenada y de la innegable belleza que este hombre emanaba, pero nunca había intercambiado más que un fugaz saludo con él.
La presentación oficial entre los dos tuvo lugar hace poco más de un mes. El director del proyecto nos había reunido a ambos en su despacho. Entré, apretando una carpeta contra mi pecho, y allí estaba Joshua, de pie frente a la ventana, con su enorme espalda enfundada en un traje de chaqueta azul marino que le quedaba perfecto, y cuando se giró para saludar, la luz del sol brilló en su pelo rubio. Parecía un dios vikingo.
Un Adonis en carne y hueso.
—Giselle —dijo con una sonrisa—cruzó la habitación con pasos lentos y firmes, destilando confianza, como si hubiera nacido para hacer que las mujeres cayeran rendidas a sus pies, y tomó mi mano entre las suyas.
Su mano envolvió a la mía durante unos segundos y me envió una descarga eléctrica directamente entre las piernas. Nunca había sentido nada igual
Esa era una maldita descarga vaginal.
—Un placer, tenía ganas de conocerte.—
El placer es mío , debería haber dicho, pero me limité a asentir, incapaz de decir nada, me había quedado tan sorprendida.
Tras el apretón de manos, nos dijeron que íbamos a presentar juntos el prototipo a nivel nacional e internacional.
Pensé que iba a morir de felicidad.
Los del departamento de ingeniería ya sabíamos que esta gira se produciría pronto, y esperábamos con impaciencia la comunicación oficial.
Saltar el estanque y pisar otro continente. Visitar países desconocidos. Conocer de primera mano las culturas extranjeras. Trabajo, sí, claro, de eso se trata, pero… Salir de Nueva York y ver el mundo, no creía que fuera posible. ¿Iban a elegirme a mí? Sí, claro que sí. ¿La única mujer en el equipo de ingeniería? ¿Dónde estaban las cámaras? Me estás tomando el pelo.
Sí, y lo iba a hacer junto a Joshua Summer.
Todas las secretarías del vestíbulo de la empresa estaban suspirando y humedeciendo sus bragas por este tipo.
Cuando el jefe de equipo dijo mi nombre, me vinieron a la mente dos cosas. Primero, tuve que superar mi miedo escénico.
En segundo lugar, ¿Qué voy a llevar? Ahora que lo pienso, me vino a la mente una tercera, cómo sería la compañía de Joshua Summer.
Mientras el jefe de equipo me explicaba los pormenores del viaje, aún no podía creer que la decisión hubiera terminado en mi persona, y traté de ocultar el nerviosismo que me hacía sentir tal responsabilidad . Noté los ojos azules de Joshua clavados en mi perfil y de esa sonrisa que siempre parecía llevar en los labios, y eso me puso aún más nerviosa.
—Eso es bueno, ¿no? —dijo mientras salíamos de la oficina.
Tú y yo juntos durante tres semanas. —Arqueó una de sus perfectas cejas y yo jadeé.
De cerca, el azul de sus ojos era llamativo, era hermoso e imponente… Y muy, muy, muy hipnotizante que podrías perderte en su mirada …
En todo el sentido de la palabra. Nunca había estado tan cerca de un hombre tan atractivo, pero no iba a dejar que viera lo impresionada que estaba por su proximidad.
—¿Y por qué fue eso? —respondí secamente.
—Porque vamos a conocernos mucho mejor y me hacía ilusión. Me gusta tu sonrisa.—dijo el coqueto.
Intenté permanecer impasible.
—Nunca me has visto sonreír.—respondí
Me miró divertido durante unos segundos y finalmente dijo:
—Bueno, haré todo lo que esté en mi mano para que lo hagas.—
Fue entonces cuando algo me sabía mal. Tengo un novio oficial de cinco años de relación Mattew incluso vivíamos juntos desde hace un año, nunca me había planteado estar con otro hombre, habíamos estado juntos, por así decirlo, toda la vida, mi primer amor y nos iba bien, pero por qué al escuchar las palabras de Joshua algo dentro de mí se iluminaba.