Roberto ¡La vida no podía ser más perfecta! En los días que siguieron, Leonora y yo aprovechamos al máximo nuestra mutua compañía. Además de la química incontrolable que actuaba entre nosotros, me sentía a gusto al lado de aquella hermosa mujer y estaba tan bien que ya no tenía las migrañas y el ardor en el estómago. Algunas veces tuve que ir a la oficina del RCS, en el centro de Ubatuba, para hacer algunos trámites, pero como todo parecía bajo control, volví a casa lo más rápido posible. Y en aquellos días, viviendo de forma más modesta y sencilla, me di cuenta de que tener paz era el mejor remedio para mis males. Sin criadas, sin salidas lujosas, sin comida de restaurante... sólo ella y yo en una casa en la playa. Pensé en todas estas cosas mientras terminaba de preparar la pasta en

