El éxodo y la invitación del sur Narrado por Murphy El aire de Boston había cambiado. El frío ya no era una brisa juguetona, sino un mordisco constante que se colaba por las rendijas de las ventanas viejas de la residencia Waverly. El primer semestre había terminado, y con él, la atmósfera del campus se transformó en un campo de batalla de emociones. Los pasillos, que durante meses olieron a café cargado y ansiedad por los exámenes, ahora apestaban a euforia, perfume caro y ese aroma inconfundible de libertad que solo sienten quienes tienen un hogar cálido al que regresar. Por todas partes veía lo mismo: chicos de dieciocho años arrastrando maletas ruidosas, gritando promesas de videollamadas y, sobre todo, esperando el sonido de las bocinas de los coches de sus padres en la entrada

