La mujer tenía razón, la casa estaba bastante sucia, pero eso no estaba tan mal como el frío que hacía en ese lugar.
Bastian busco un par de leñas y colocándolo dentro de la chimenea las prendió, para así lograr un poco de calor dentro de aquella casa.
El acomodo sus cosas dentro de una habitación y luego regreso frente a la chimenea donde decidió que dormiría por esa noche.
Al otro día muy temprano, los rayos del sol comenzaron a entrar por la ventana dándole con toda su fuerza sobre su rostro.
Bastian no tubo otra salida que levantarse.
Fue a la cocina y vio que no había víveres, eso era irritante, por que significaba que tenía que volver a bajar la colina para hacer compras.
Pero cuando se había decidido a bajar, observo que una persona se encontraba afuera, frente a su puerta.
El abrió rápidamente para ver quien era, y resultó ser un hombre que traía un pedido para el.
Al parecer Claris se había apiadado de Bastian, y compro para él varias cosas que consideraba que le harían falta allí arriba.
El quedó muy agradecido con ese gesto, pago un par de dólares al hombre que le había traído aquellas cosas y se puso en marcha para acomodar todo el las alacenas.
Claris sabía que tampoco había elementos de limpieza en esa cabaña, así que entre aquellas cosas también había escobas, y plumeros.
Bastian al verlas le pareció gracioso.–Por lo visto no podré escribir aún.–Decia mientras sacaba uno por uno todas las cosas de las bolsas de cartón.
El se preparó un café y mientras quitaba la tela de arañas en algunos lugares de la casa, observo un par de fotos de una mujer muy hermosa, el limpio el vidrio de aquel cuadro y dijo en voz alta.– ¡Que linda eres!.
Al parecer ella tenía cabello largo, castaños, con pequeños risos, su piel era trigueña, pero lo que más le gustó fueron sus ojos, color miel.
La observo por un rato, y luego decidió que aquella foto debía quedar sobre la chimenea donde podría observarla cada ves que cruzará por ese lugar.
A él le encantaba, quedó fascinado por ella, aún sin saber quien era, o si tan siqueira existia, talvez ni siquiera era de ese lugar, o talvez solo era un recorte de revista, a el no le interesaba, solo quería admirar su belleza.
Para la hora del mediodía Bastian ya había terminado de limpiar, todo estaba en órden, en un par de bolsas junto varias cosas que creyó que eran basura y las saco afuera.
Ahora si podía sentarce a escribir, el lugar ya era agradable y el habiente olía bien, aunque de vez en cuando sentía como un aroma a clavel, era raro, pues no había flores dentro de la casa.
Pero eso a él no le molestaba, solo quería saber por dónde empezaría a escribir, de que se trataría su historia está vez, que nuevas ideas le traería ese lugar, pues para eso avia viajado tan lejos.