La Princesa Del Capo

1589 Words
POV DANTE MORETTI El olor a sangre y desinfectante me revolvía el estómago. Odiaba los hospitales. Odiaba estar aquí, viendo a Lucas al borde de la muerte, mientras los médicos me daban excusas en lugar de soluciones. El corazón me latía con rabia. No podía perderlo. No a él. No otra persona en esta maldita guerra. Me pareció ver a una persona muy conocida, solo fue por un momento, pero estoy seguro que era ella, ¿No había muerto junto…? —¿Dónde está el cirujano? —rugí. El imbécil del director apenas se atrevía a mirarme a los ojos. —Señor, está fuera de la ciudad. Pero hay una doctora… —balbuceó. —¡Ya eso me lo dijo y no veo que haya venido!—— gruñi furioso—¿Entonces a qué esperan? ¡Que lo atienda ella! —exigí. ¿Qué clase de hospital era este? Mis hombres se movían a mi alrededor. Marco se acercó, susurrando: —Tenemos una pista. Podrían estar aquí. Cerca. Mi mandíbula se tensó tanto que dolía. Ella. La sombra de su nombre me carcomía. Cinco años y aún me perseguía como un maldito fantasma. Su asesino podría estar en esta ciudad y no lo dejaría salirse con la suya. —Quiero a esa neurocirujana. ¡Ahora¡ —ordené. Vi el miedo en los ojos del personal. Bien. Que teman. Eso les dará prisa. El altavoz resonó por el pasillo. "Doctora Barinova, se le solicita en la sala de emergencias." Ese apellido. Barinova. Barinova… Un eco lejano en mi memoria. Me recordó a alguien. A alguien que no debía recordar porque revivia los recuerdos junto a ella. Galadriel. Si no me equivoco era su segundo apellido, el de su madre. Esperé. El tiempo parecía alargarse. Cada segundo pesaba como plomo. ¿Dónde diablos estaba esa mujer? ¿Acaso pretendía dejar que Lucas muera? Entonces la vi aparecer. O al menos vi el final de su bata mientras cruzaba el pasillo. Algo en su andar, en su forma de moverse, me golpeó directo en el pecho. No. No podía ser. Era imposible. Mis manos empezaron a sudar y mi corazón a latir como loco. Me acerqué, como un depredador oliendo a su presa. —Doctora —llamé, mi voz cargada de acero—. Necesito verla antes de que toque a mi hombre. Ella se detuvo. Se tensó. La forma en que se tensó. El aire se me fue por un instante. —Señor Moretti, debemos actuar de inmediato si quiere salvarlo —dijo, sin voltear a mirarme. La voz… esa maldita voz. —Mírame —ordené. Mi respiración se volvió pesada. Tenía que verla de frente. Tenía que confirmar lo que mi instinto gritaba. La doctora no se movió, la ecuche tragar en seco y me respondió movilizando a los camilleros y enfermeras con rapidez — Habrá tiempo para eso después, ahora salvaré a su compañero— y salió dejándome con un sabor amargo en la boca, el corazón latiendo desesperado y las ganas enorme por ir detras de ella para confirmar mis sospechas. Tenía que ser mi deseo y acné de verla, de creer que aun seguia con nosotros, porque ella siguiera con vida. Pero no podía ser ella. Se que no. Salí con mis hombres persiguiendo esa pista. Pero de nada sirvió, era muy astuto el desgraciado. Y mi mente apenas estaba concentrada en esa búsqueda. Tenía en mi cabeza la imagen de esa doctora, su porte, su caminar y … su voz. El atentado contra Nebula sólo fue aviso, voy a incendiar Rusia entero de ser necesario hasta que me entreguen al responsable de la muerte de Sophía, lo juro por su memoria. Uno de los hombres me informó que Lucas había salido bien, y ahora se recuperaba de la cirugía. No logro dar con la doctora después de eso, pero debo agradecerle, Lucas es como mi hermano mayor. Y tengo que desmentir a mi tonto cerebro de que ella es otra persona. Al día siguiente en la entrada me choqué con una cabellera larga y rubia que se dirigía hacia el hospital. Cuando me miró con esa sonrisa todo mi mundo se detuvo, parecía una princesa de cuentos de hadas, pero lo que más llamó mi atención fueron sus ojos tan parecidos a los míos y su rostro a…ella. Creo que me estoy volviendo loco y veo su rostro en todos lado, ¿Después de cinco años no te puedo olvidar, Sophía? —Hola señor, ¿A dónde va?— era una voz tan tierna y angelical. Mi corazón empezó a latir con fuerza. Sentía algo inexplicable, como si parte de mí estuviera feliz por ver a esta niña. —Voy a ver a un gran amigo, ¿Y tú qué haces en un lugar cómo éste y sola?— pregunté con tanta ternura que me sorprendi, incluso mi tono era débil. Demasiado amable. Me incliné hasta a su altura para admirar su bella sonrisa. Algo dentro de mí… algo que creí muerto… se removió. —A ver a mi madre, ella trabaja aquí— respondió con su tierna sonrisa, en mucho tiempo no había sonreído y ahora aquí estoy, anonadado por una pequeñita que ni siquiera conocía. Ella debe tener la edad que tendrían mis trillizos en estos momentos y lo que tenía Sophía que había… muerto Mi corazón se apretó. ¿Por qué…? ¿Por qué sentía esto? POV LA NIÑA SERAPHINE El hombre que casi me tropieza era muy guapo. Pero triste. Sus ojos estaban llenos de tristeza, aunque sonrió un poquito cuando le hablé. —Voy a ver a un gran amigo. ¿Y tú? ¿Qué haces en un lugar como este? Me gustó cómo lo dijo. Su voz era como la de los príncipes de los cuentos. Era perfecto para mamá, ¡él tenía que ser mi papá!—pensó Seraphine emocionada. —Vengo a ver a mi mamá. Ella trabaja aquí. ¿Te gustaría conocerla? Es hermosisima— Le respondí, tía Ayla me va a castigar por haberme escapado de casa, es que no veía a mamá desde hace dos días, la extraño mucho. Él me sonrió con ternura y acarició mi cabeza —No dudo que lo sea. Porque su hija parece un ángel. Vi cómo me miraba, como si yo fuera algo muy importante. Eso me hizo sentir especial. Y sería genial que fuera mi papá. ¡Sí! Ya lo decidí, haré que se case con mamá. POV ELENA / SOFÍA Salía de la sala de descanso cuando los vi. A él. A mi niña frente a él. El corazón se me paralizó. No… no puede ser. Corrí hacia ellos, tratando de fingir calma mientras mi mundo se desmoronaba. —Cielo, ¿qué haces aquí? Te dije que esperes junto a tía Ay…, ¿Te le escapaste verdad?—mi voz tembló más de lo que quise. La pequeña se giró hacia mí, feliz. —Mamá, este señor va a ver a un amigo. Me saludó —dijo, como si eso lo hiciera menos peligroso. Levanté la vista. Lo vi bien. Dios… Sus ojos se encontraron con los míos. Lo supe al instante. Él también lo supo. Dante. Sentí cómo me caía el mundo encima. ¿Por qué tenía que ser él? ¿Que mierdas le voy a decir? Esto no debía pasar ahora, no ahora. POV DANTE Cuando la mujer apareció, mi alma se partió. No había dudas. Me quedé completamente mudo. No sabía qué decir, es como si me arrancaron la lengua y lanzaron lejos de mí. Sophía. Viva. Respirando. Con esos ojos que tanto me perseguían en sueños. Su cabello era distinto, más corto y castaño en vez de rubio y largo pero era ella. De eso estoy seguro. Pero lo que me noqueó fue cómo la niña corrió a refugiarse en ella. Cómo la llamó. Mamá. Me quedé congelado. Viendo la escena como si fuera un maldito espectro. —Sophía … —mi voz apenas un susurro. Ella ni se inmutó, como si no fuera ella. Pero yo no iba a dejarla escapar otra vez. POV ELENA / SOFÍA Las palabras de Dante me llegaron como un golpe. Quería salir corriendo. Quería proteger a mi hija. —Está confundido, señor —dije, obligando a mi voz a sonar firme—. No sé quién es Sophía. Me llamo Elena Barinova. Le agradezco por cuidar de mi hija. Sus ojos… dolidos, traicionados, furiosos. —Nos tenemos que ir. Vamos, cielo —tomé la mano de mi hija y me alejé a paso rápido, sintiendo su mirada quemarme la espalda. Pero sabía lo que vendría. Dante no se iba a detener, no se tragaria esta historia asi de fácil. No esta vez. —Adiós señor lindo, espero verte nuevamente— Se despidió Seraphine de él. —Mami, ¿viste lo guapo que es? ¿Te puedes casar con él?— me dice con una sonrisa, la misma de él, ¿será cierto lo que dicen de la sangre? POV DANTE Me quedé ahí. Viéndolas alejarse. Sintiendo el peso de la verdad caer sobre mí. No había fantasmas. No había locura. Ella estaba viva. Y tenía a mi hija con ella. ¿Pero como pudo ser eso? Se supone que ella no podía tener más hijos después de perder a nuestros trillizos, pero esa niña es mi hija, puedo reconocer mi sangre donde sea. Y juro que no me detendré hasta recuperarlas. Hasta recuperar lo que me arrancaron. Hasta recuperar a Sophía. A mi familia.
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