**HENRY** El aire del jardín aún conserva la humedad del riego, ese aroma fresco de tierra mojada mezclado con las flores que parecen observarnos en silencio. Pero en mis labios no queda ni rastro de ese perfume: solo persiste un sabor más fuerte, más vivo, más prohibido… el de ella. Camila me mira. Sus ojos se abren de par en par, como si acabara de traicionar algo sagrado. Y, de alguna manera, lo entiendo. Sus labios todavía tiemblan, húmedos por el beso que me atreví a robarle, ese instante de locura que no pude contener. Su respiración es entrecortada, nerviosa… pero verdadera. Yo lo sentí, lo sé. En ese roce hubo deseo, aunque ahora intente esconderlo detrás del miedo. Por un instante creo que va a quedarse, que su silencio es una rendición, que lo que acaba de pasar podría repetir

