Todo estaba listo. El ataque contra Javier para rescatar a Lucía no podía esperar más. Con paciencia, inteligencia y un plan milimétrico, Santiago el diablo, Max y sus hombres se prepararon para golpear… y golpear fuerte. Pero había algo que nadie sabía: a Santiago no le interesaba Lucía. Su verdadera obsesión era Pilar Montenegro, su abogada… la mujer que había movido cielo y tierra para sacarlo de prisión. Pilar, convencida de que él estaba muerto, lloraba en silencio, incapaz de concentrarse en otros casos, ajena al infierno que estaba por desatarse. Y entonces… el rugido de los motores, las armas listas, las sombras moviéndose en la noche. Santiago, Max y su gente se lanzaron contra Javier, decididos a acabarlo. El rugido del motor resonaba en la noche como un presagio. La camioneta

