El tercer grupo

1398 Words
—¡Es que eres un jodido imbécil! — Dijo Morgan escapando de Blake. —Venga, ven aquí — Blake no tardó en sujetarlo del uniforme y estirarlo hacia él para abrazarlo. Hubo un largo silencio. La campana sonó. Morgan y Blake se habían quedado abrazados. De alguna forma, sabía que Morgan estaba por llorar, la frustración que sentía durante la última semana lo estaba sobrepasando, se quedaba dormido en clase, era grosero con sus propios amigos y encima lo habían echado de los patrullas. Blake sabía que estaba mal, no le importó quedarse ahí un buen rato. —Vale, ¿piensan entrar a clase o...? — Escucharon la voz de Sam detrás de ellos. —En un segundo — respondió Blake fastidiado. —No, ya está — dijo Morgan, aclarándose la garganta —. Estoy bien. Se separaron y fueron a clase. Afortunadamente a su profesor, Pato, no le importaba la hora ni lo que hicieran sus alumnos en general. Es más, era un desgraciado, si no fuera porque Morgan era el jefe de clase serían un puto caos. Blake se sentó a lado de sus amigos. Daniel se giró para mirarlo y se rio. —Mira la cara que te dejaron. —Para ya — pidió Sam. —¿Qué tal tú, otaku? — Le preguntó Daniel a Morgan. —No me digas así. Menos en voz alta. —Pero si tu eres el único que cree que es un secreto. —Para — dijo Blake en seco. —El abuelo viene a defenderlo, claro. —A ver, silencio que tenemos que empezar esta mamada — dijo el profesor Pato —. A ver, niño enfermo — dijo refiriéndose a Morgan —, ven a repartir estos papeles. Morgan se puso de pie y fue con él. —Profesor, ¿por qué repartirá eso? — Preguntó Pinky. —Porque hoy hay examen — todos entraron en pánico. Morgan comenzó a repartir los exámenes —. ¿Tienen algún pinche problema? Los alumnos negaron con falsedad y tomaron los exámenes sin forma posible de protestar. Los únicos calmados eran Sam y Morgan, los listos de esa clase, no tenían que estudiar en lo más mínimo para aprobar esos malditos exámenes sorpresa del profesor Pato. El primero en entregarlo fue Daniel. No, el cabrón no era un genio, era un imbécil, había dejado solo su nombre y en todas las respuestas había seleccionado la primera opción. Si no sabía un carajo ¿para qué esperar? Además, el profesor Pato los dejaba salir si terminabas. El primero en acabar en realidad fue Morgan y luego Sam, después Pinky entregó su examen y el último de sus amigos fue Blake. Salió y se fue al gimnasio, antes de que su clase empezara, así tendría tiempo para fumarse un cigarro. Entró y se recostó en las gradas, las luces estaban completamente apagadas y pudo relajarse. Pero escuchó aquella voz. —Fumar mata. Morgan estaba ahí, en la oscuridad, viéndolo decepcionado. —Precisamente. Morgan se sentó con él, algo que Blake jamás admitiría era que le asombraba cómo nunca le había molestado su humo. Jamás había hecho ni un comentario al respecto. —¿Todavía te duele la cara? — Preguntó Blake. —Un poco, no creía que los golpes dolieran tanto. —No es que duelan tanto, es que eres un debilucho. Blake le dio una última calada a su cigarro y se acercó a Morgan para verle el golpe en sus labios. —No está tan mal, solo una hinchazón de un par de días. Morgan dejó que lo viera y él de paso, miró su ceja. —¿Y eso es permanente no? Blake suspiró. —Lo es. Morgan bajó la mirada. —Es mi culpa. —Sí, sí lo es. Morgan, molesto, lo golpeó en el hombro. Blake rio. —Imbécil — dijo Morgan enojado. —Anormal. Las luces encendieron. Ambos miraron a Sam y Daniel entrar primero. Blake se puso de pie para ir con los demás. —Pero si te hace sentir mejor — dijo Blake sin mirar al otro —, si me voy a liar a puñetazos, prefiero que sea por mi hermano, que por un cualquiera. Morgan se quedó paralizado. Sam gritó con emoción al escucharlos. —¡Lo ha admitido! — Dijo ella. —¿Eso significa...? — Preguntó Shane ansioso. —¿No lo somos? — Dijo Blake girándose para ver a Morgan. Seis meses. Le había tomado seis meses de peleas y más peleas en admitir que eran hermanos. Morgan sonrió y siguió a sus amigos. Daniel se acercó feliz. —Ahora que estamos todos de buenas y admitiendo hechos ¿puedes admitir que eres un otaku de mierda? Allá iban de nuevo. —¿Quieres callarte de una puta buena vez? — Exigió Morgan. —Pídemelo con cariño o empiezo a gritarlo. —¿Podrías callarte de una vez? —Pídelo por favor. Se le agotó la paciencia a Morgan y se le echó encima. Blakeignoró a sus amigos y se dedicó a esperar al profesor. Despertó cuando la clase terminó. Morgan le movió el brazo para que se despertara. Se despidieron de sus amigos y su hermano lo detuvo en el pasillo. —¿Hablabas en serio? — Preguntó Morgan. —¿Quieres que retire lo dicho? —¡No! Es que... Blake rió de nuevo. —Es un hecho que mi padre no se va a divorciar de tu madre, así que hay que ir aceptando la realidad. Blake siguió su camino y para distraerse abrió su celular. Mierda, tenía muchos mensajes sin leer. Había sido un día tan largo que ni se fijó. NICK a que molo? Blake rió audiblemente, Morgan ni preguntó, a veces creía que se reía de gente muerta o de peleas... su hermano tenía un humor tan peculiar que prefería no indagar. Contestó el mensaje coqueteando con el chico nuevo. Entró a detención y se sentó donde siempre lo hacía. Sabía que Nick lo miraba pero fingió no darse cuenta. ¿Estaba interesado en él? Mala decisión. Quizás ignorándolo se iría más rápido. Mason, al cabo de algunos minutos, se aclaró la garganta y se puso de pie. —Chicos, iré a buscar algo de almorzar. Confío en ustedes — dijo mientras salía, se detuvo en seco y los miró de nuevo —, no la caguen. Salió y esperaron unos segundos. —Bien — dijo Blake, al mismo tiempo que sacaba su cajetilla de cigarros -, ¿Shane? Shane se acercó al escritorio con su mochila y sacó un mazo de cartas. Nick se veía confundido, ¿no les acababan de decir que estuvieran quietos? Encima Blake estaba fumando en la puta aula. —¡Morgan, haz tu apuesta! — Incitó Pinky. Morgan se veía aterrado, pensaba lo mismo que Nick. Blake fue el primero en acercarse, se sentó en la silla de Mason y sacó un billete, lo puso en el escritorio y Daniel se acercó, puso un billete y ambos pidieron cartas. ¿Blackjack? Nick, los vio de lejos, Blake pidió, Daniel pidió. Blake pidió, Dnaiel gritó. Nick se acercó con una sonrisa y diversión. Esta gente estaba loquísima. Patrick y Pinky apostaron también, Pinky ganó. —¿Te vas a quedar ahí empanado, anormal? — Le pregunto Blake a Nick. —No quiero hacerte mierda. —Joder, abuelo — se rió Daniel — suena a que lo están retando. —Abuela tu puta madre — contestó —, ven acá, cabrón — invitó a Nick, que se acercó contento. Ambos pusieron un billete sobre la mesa. —Solo te digo, que tengo una suerte para estas cosas que te cagas — Nick pidió su primera carta. Un siete de corazones. —Y yo te digo que yo soy el puto Dios — Blake sacó un 9 de tréboles. —¿Dios no pudo evitarse entrar a detención? — Se burló Nick, sacando una Reina de espadas. Estaba demasiado cerca del límite. — Sostengo. Blake soltó una risita. —¿Te da miedo? — Blake sacó su última carta. — El miedo no te llevará nunca a nada, mira a los alumnos de esta escuela — dijo mostrando una Reina de corazones. Todos gritaron emocionados, Nick se echó atrás en su asiento y miró a Blake a los ojos. ¿En serio quería saber de lo que era capaz?
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