Al día siguiente y ante el asombro de todos, estoy de alta, como si nunca hubiese estado herido. Tomás y Rosmeiry vendrán a buscarme para llevarme a casa. Klaus me llama antes de volar de vuelta a Grecia para despedirse; hablo con Diego y Raissa, quienes aceptan mis disculpas y perdonan mi estupidez. Klaus me encarga a Luis, quien, a pesar de que ya no trabaja para mí, lo tengo en gran estima, me cuenta que Georgette le había confesado que le gustaba ese chico y Klaus esperaba que yo pudiera ayudarlo a superarse, ya que así, siendo un chofer, no se sentía digno de cortejar a Georgette. Y ella, está seguro Klaus, lo esperaría. En el automóvil, camino a casa pienso en lo que me espera al volver. ¿Cómo sería recibido de vuelta a la vida? Mi hermosa Rosmeiry tomó mi mano al bajar. ―Bri
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