Pocos segundos después la ve entrar, regia, hermosa y con una amplia sonrisa dedicada solo a él. ―Hola, guapo ―lo saluda en francés con un beso en la mejilla. ―Hola, Ros, ¿cómo estás? ―contesta él en el mismo idioma. ―Bien, ¿cómo te ha ido? ―Supongo que bien, después de tantas actividades, tener una noche en soledad, no era el panorama más agradable. Ella sonríe otra vez de forma muy enigmática. ―Eso quiere decir que soy tu tabla de salvación. ―No, eres la compañía perfecta. ―Eso es un halago. ―¿Qué quieres tomar? ―Una soda. ―No quieres emborracharte. ―No bebo alcohol. ―Como quieras. La mujer lo mira insistente. ―¿Qué pasa? ―pregunta él, incómodo por su mirada. ―No entiendo cómo un hombre como tú, guapo, millonario, con el mundo a sus pies, pueda ser celoso. ―E

