Me fijé mejor en cada uno de ellos. El más alto tenía el pelo cobrizo y rizado, unas pecas adorables salpicando su nariz respingona, los ojos claros agrandado por los cristales de sus gafas y un gusto pésimo para vestir. El del medio estaba demasiado musculado, como un culturista de concurso, pero mediría aproximadamente lo mismo que yo; no era tan joven como nosotros y el pelo empezaba a faltarle en forma de entradas en los laterales de la frente. El último era n***o y tenía una sonrisa propia de haber llevado aparato, si no supiese a qué venía ni siquiera me hubiera dado mala espina, puede que influyese el hecho de que me encantaba la ropa que llevaba; un pantalón vaquero ancho con caras pintadas a mano, una camiseta negra simple algo ajustada y unas deportivas blancas. —Eres tú.— su

