Gia estaba agachada removiendo unas malas hiervas. El sol pegaba de lleno en su cara así que se había quitado la camisa, que ató en su cintura, y se había arremangado su camiseta. Se secó el sudor de su frente son su brazos como por vez mil. Callie ese día estaba con los caballos, que eran su pasión como había descubierto la joven humana hacía poco tiempo. A pesar de estar en cuclillas, ya no sentía molestias. Su nueva amiga había tenido razón, la saliva del lobo era buena pensó con una sonrisa perversa. Los recuerdos de los últimos día la abrumaron, sus bragas se mojaron y sintió más calor. Últimamente el vínculo telepático con su lobo se había extendido de alguna manera, como si se hubiera estirado y la señal tuviera largo alcance, así que con una sonrisa pícara le mandó una imagen me

