Dos días después New York Karina Había pasado toda la mañana pensando en este momento. Hoy era el cumpleaños de Lance, y aunque seguía en coma, me prometí que no pasaría este día sin que su hija lo saludara. Al mirarlo, noté cómo poco a poco su rostro iba recuperando paz; las inflamaciones habían cedido y los moretones comenzaban a borrarse. Verlo así, menos golpeado por la vida, me devolvía un mínimo de esperanza. Ahora estoy junto a su cama, con Emma tomada de mi mano. Roger la ayuda a subir un poco en brazos para que pueda inclinarse y besar a su padre en la mejilla. —Dile feliz cumpleaños a papá, princesa —le susurro con ternura. —Emma, mira, papá está dormido, ayúdame a despertarlo, llámalo —le anima Roger, sonriendo. —Papá… papá… —balbucea la niña, golpeando suavemente la sába

