Me paré frente a mi reflejo y pasé el metal reluciente por mi mandíbula.
—Esto nunca va a funcionar, Ken —dijo Jen mientras me veía afeitarme los últimos pelos de mi característica barba.
—¿Por qué, hermana?
—Tus ojos. Tus hermosos ojos azules brillan como un océano de zafiros mojados por la lluvia de verano.
Esa frase era de una reseña de mi primera película. La crítica estaba enamorada de mí e intentó acostarse conmigo. Me negué, pero aun así escribió una buena reseña. Mi hermana, en cambio, usa esa frase para burlarse de mí, y lo hace a menudo.
—¡Uf! Si sigues así, se lo voy a contar a mamá.
Ella se rió y me golpeó con su cepillo para el pelo.
—¿Qué? ¿Somos seis otra vez?
Éramos hermanos típicos, con un poco de rivalidad y mucho amor. Éramos mellizos y a Jennifer le gustaba recordarme, siempre que podía, que era cinco minutos mayor que yo.
—Sabes que un millón de chicas van a llorar al ver tu nuevo look.
Me reí y dije:
—Tal vez, pero necesito un nuevo comienzo. Además, mamá siempre me prefirió bien afeitado, y creo que es lo mínimo que puedo hacer por ella el día que enterremos a papá. Si eso me da un poco de anonimato esta semana, lo acepto.
Me besó la mejilla recién afeitada y salió del baño de nuestra infancia. Nada había cambiado; seguía teniendo el mismo portacepillos y dispensador de jabón que teníamos cuando yo era niño, y resultaba extrañamente reconfortante.
Al ver mi nuevo rostro juvenil, supe que jamás podría ser anónimo. Sabía que jamás podría tener privacidad. Ese era el precio que había estado pagando desde mi primer papel como actor. Mi interpretación de un héroe de acción barbudo.
Interpreté a Jace Stryker siete veces más desde aquella primera película, y cada una tuvo más éxito que la anterior. Además, me encasillaron por completo y no conseguía papeles decentes fuera de las películas de superhéroes en las que llevaba trabajando doce años.
No me malinterpreten, recibí ofertas, y además bien pagadas, solo que ya interpretaba a un héroe de acción. ¿Para qué querría interpretar a más de uno? Pensándolo bien, si hubiera aceptado alguno de esos papeles, podría haberme convertido en un gran protagonista y no en una simple estrella de segunda fila. Con la perspectiva del tiempo, todo se ve más claro...
—Date prisa, Kinsey, el coche ya está aquí —dijo mamá.
—Deja de llamarme Kinsey, mamá. Sabes que lo odio —dije entrando a la cocina. Llevaba diciéndoselo desde pequeña. Sabía que tarde o temprano me haría caso.
—Elegí ese nombre para ti y lo usaré todo lo que quiera. Ahora lárgate.
Ella eligió el nombre de una telenovela que estaba viendo cuando yo nací. Mi papá me apodó Ken y casi todos mis conocidos usaban ese apodo, gracias a Dios.
Jenny se rió, lo que hizo reír a mamá. Sonreí, contenta de que mi madre y mi hermana pudieran reírse en ese día tan difícil.
Nuestro padre falleció de cáncer y mi madre tuvo buenos y malos momentos desde que enfermó. Siempre fue de las que se guardaban sus emociones para sí mismas, y aquella vez no fue la excepción.
Creo que se equivocó al pensar que tenía que ser fuerte y mostrarse valiente ante nosotros. En realidad, Jen y yo solo queríamos que llorara a gusto por el único hombre al que amó.
—Mamá, ¿estás segura de que quieres que yo pronuncie el elogio fúnebre? No quiero robarle protagonismo a papá —pregunté.
Siempre me preocupó cómo mi fama afectaría a mis padres en su tranquila y pequeña casa rural, un verdadero paraíso estadounidense. Rara vez hablaba de mi vida familiar con la prensa y me negaba a que se publicaran biografías que mencionaran mis orígenes.
Quería que mis padres mantuvieran su anonimato. Llegué incluso a decir en mi biografía que era de Chicago, en lugar del pueblo agrícola donde crecí, que estaba más cerca de Rockford que de la Ciudad de los Vientos.
—Estoy segura de que todo saldrá bien, Kinsey. Además, nadie te reconocerá sin barba. Te ves cinco años más joven y mucho más guapo.
Jen se rió cuando le saqué la lengua y le dije:
—No te libras, hermanito. Hablas en público mejor que yo, como todos hemos visto en la televisión.
Negué con la cabeza ante su obvia referencia a que había ganado un par de Globos de Oro y algunos premios del público. Estaba más nerviosa dando esos discursos de agradecimiento que nunca en mi vida.
—No habrá mucha gente, hemos querido que sea un entierro privado —dijo mamá.
Asentí con la cabeza y volví a leer mis apuntes.
—Mamá, ¿todavía quieres ir al estreno? —preguntó Jen.
—Por supuesto, nunca me pierdo una. ¿Cuándo es la próxima vez?
—El miércoles próximo.
—Allí estaré, ¡y con todas las de la ley!
—Mamá, entonces serás mi acompañante —dije. Sabía que Jen se pondría histérica al ver a mamá del brazo.
—De ninguna manera, hermanito. El estudio quiere que vayas acompañado de una chica guapísima a la alfombra roja. Mamá va a ser mi escolta.
—¿No quiere Cindy ser tu cita, Jennifer? —preguntó mamá.
—Ella se va. Irás en nuestros dos brazos.
—¿Cuándo te vas a casar con esa chica, Jennifer? Está locamente enamorada de ti —preguntó mamá. Todos sabíamos que Jen la quería tanto como Cindy quería a Jen. Creo que el matrimonio simplemente le daba miedo.
—Oye, tío —exclamó Jen, cambiando hábilmente de tema—. Van en serio, necesitas una cita. ¿Quieres que haga algunas llamadas? Probablemente Kate Ferrell esté libre.
Quise gritar, pero respiré hondo y dije:
—Ni se te ocurra. Todavía me llama al menos una vez por semana. Si haces eso, nunca me libraré de ella.
—¿Qué pasó con ella, Kinsey? Era una chica tan buena —preguntó mi madre sobre mi última novia. Se hicieron muy amigas cuando la traje a casa por Navidad.
—No paraba de acusarme de engañarla cuando estaba de gira. Es talentosa y guapa, pero está completamente loca y es muy celosa.
Diablos, ella era más que eso, la amaba. Simplemente no podía soportar que me regañaran y me gritaran constantemente por cosas que no había hecho.
Tenía pensado pedirle matrimonio después de terminar de filmar mi última película. Ni siquiera había dejado mis maletas en el suelo de mi apartamento cuando me regañó. Extrañaba los días en que me recibía en casa con una felación, pero ahora las felaciones se habían convertido en diatribas.
La última vez, sin decir palabra, me di la vuelta y salí de mi apartamento mientras ella se avergonzaba gritándome durante todo el camino de regreso a mi coche. El vídeo que mi vecina publicó en YouTube superó el millón de visitas el primer fin de semana.
Es extraño vivir en un mundo donde un hombre que pasa a tu lado en las escaleras puede empezar a grabar un vídeo al instante. Fue lo que fue, y Kate fue objeto de burlas en los programas de entrevistas nocturnos por ello. Intentó disculparse, pero yo ya había tenido suficiente.
Mi madre me sacó de mi ensimismamiento.
—No la engañaste, ¿verdad? Te educé mejor que eso.
—No, mamá. Nunca la engañé.
—Bien.
—Aunque no lo creas, mamá, ya no quiero salir con actrices. Solo me gustaría conocer y sentar cabeza con una mujer normal.
Durante una década salí exclusivamente con actrices. Pensaba que estar con una chica normal nunca funcionaría debido a mi agenda tan apretada. ¡Ni siquiera podía tener un gato!
Jen dijo:
—Quizás ahora que te retiras al campo, encuentres a una dulce chica de granja.
Y ahí se fue mi sorpresa para mi madre. ¡Maldita sea! Estaba furioso.
—¿Qué? ¿Te jubilas? ¿Cuándo fue eso? —preguntó mamá.
Puse los ojos en blanco, pero no sin antes fulminar con la mirada a mi hermana.
—Compré la granja de los Miller, mamá. Firmamos los papeles ayer. El año pasado decidí que solo haría una película más de 'Patriot Squad'. Jim Steel nos dejó claro que había terminado y tampoco renovó su contrato. Sin él, todo se desmorona de todas formas. Él es la gran estrella y ya no hay mucho interés por las películas en solitario de Jace Stryker. Además, estoy harto de todo esto.
—No puedo creer que vuelvas a casa y no me lo hayas dicho.
Estaba realmente dolida y me costó mucho no estallar contra Jen. No haría eso el día que enterramos a mi padre.
—Quería que fuera una sorpresa, mamá, pero alguien no puede mantener la boca cerrada.
Jen me sacó la lengua como si fuera una niña pequeña.
—Bueno, a mí me parece fantástico, Kinsey. ¿Y a ti, Jennifer? ¿Volverás a casa ahora que él ya no necesita que su hermana le lleve las riendas de la vida?
—No, voy a trabajar para Kate Ferrell. Supongo que no está contenta con su asistente personal actual. Vio cómo controlaba la vida de Ken a la perfección y se puso en contacto conmigo.
Eso me sorprendió. No sabía que había encontrado un nuevo trabajo, ni que era con mi exnovia. Aunque siempre se llevaron bien.
—Oh, bueno, está bien. A mí también me hubiera gustado que volvieras a casa.
—Lo sé, mamá —dijo Jen—. Es que Cindy todavía trabaja en Hollywood y aquí en el campo no hay mucha demanda de maquilladores.
—Le dije que les daría el dinero para que abrieran una peluquería o algo así —dije—. Pero no lo aceptan.
—Ken, ya me has dado más que suficiente dinero. No puedo aceptar más de ti.
Negué con la cabeza ante la lucha de mi hermana por la independencia. Le deseé lo mejor, pero siempre estaría ahí cuando me necesitara.
—Mamá, convéncela. Usa tus poderes de culpa maternal.
Mamá frunció el ceño y dijo:
—No, ella tiene que seguir su propio camino.
—Bueno, la oferta siempre estará sobre la mesa, hermana.
Me ignoró y se quedó mirando por la ventana.