Capítulo 54Mi celular suena despertándome de golpe, del susto doy un salto en la cama y termino cayendo al suelo. ¡Maldición! En serio que ya como que andar cayendo se está haciendo una jodida maña en mí, llegaré a viejo con problemas en la columna y en una silla de ruedas. Me quedo un rato en el piso intentando calmarme porque si es David juro que cuando lo mire él es el que quedará en una silla de ruedas. El celular deja de sonar, genial, perdí la llamada, me levanto y me doy cuenta de que Alex ya no está. ¿Dónde habrá ido tan temprano? El teléfono no tarda en volver a sonar, frunzo el ceño al ver de quién se trata, es Henry. Descuelgo. —Dime, hermano. —¿Qué tal, Oliver? ¿Qué tal todas las cosas por allá? —no sé por qué, pero estoy seguro de que no solo quiere saber eso. —Bien —contes

