Capítulo 23 parte 2

1244 Words
No, la idea que apareció en mi mente no podía ser cierta. Yo estuve en su casa, no había señales de niños, no había olores, pero…los olores se pueden ocultar. De repente recordé que apenas llegué, Jade me guio a la habitación de Abigail y no apareció para nada, Jade era una amiga leal, ella hubiera estado al lado de su amiga o al menos hubiera luchado por estar ahí ¿Por qué no luchó o dijo algo para quedarse? ¿Tuvo motivos más fuertes para no estar ahí? No, si la idea que tenía en mente…no, traté de tranquilizarme. – …Qué cosa. Bien, al menos la voz salió más segura de lo que en verdad me sentía. – Para serle sincero, el niño se parece a usted y la niña…bueno, la niña es una copia exacta de la esposa del beta. Mi estómago se hundió, mi corazón latió muy rápido ante esa declaración. No, no podía ser verdad, pero cada palabra se asentaba pesadamente en mi corazón. Si era cierto aquello ¿Mi mujer había luchado sola con nuestro cachorro todo este tiempo? ¿Por qué no me lo dijo? Eres un maldito hipócrita. ¿Cómo te iba a decir que estaba esperando a nuestro cachorro si no la aceptabas? Juro que quiero arrancarte la cabeza, pero no lo hago solo porque el cachorro cambia las cosas. Te necesito para que lo protejas, a él y a nuestra hembra y más vale que lo hagas bien esta vez. Ignoré a Hades que se encontraba evidentemente furioso conmigo, tanto que enviaba imágenes mentales de él tomando control de mi cuerpo y rebanandome el cuello. Le daba un punto, estaba en su derecho de hacerlo, yo también quería hacerlo. – …Bien, sigue vigilando e infórmame de cualquier otra cosa que pase hasta que vayamos para allá. No dejé que contestara y colgué dejando el móvil sobre la mesa. Me recosté en el respaldar de mi sillón porque las fuerzas se fueron de mi cuerpo. Cerré los ojos y me concentré en mi respiración en un intento por calmarme y asimilar tremenda información, y de paso intentar hacer que mis extremidades dejen de temblar. – ¿Y bien? ¿qué te informaron? Ignoré la pregunta de mi beta, su voz se escuchaba muy lejana. Tenía que asimilar lo que había escuchado, no tenía tiempo de explicarle cuando yo me encontraba en este estado. Mi mente quedó en blanco, no podía creer lo que estaba pasando ¿un niño que se parecía a mí? eso solo significaba una cosa y la respuesta me daba un vuelco al corazón. – ¿Benja? Me estas preocupando ¿les pasó algo? Miré a Ryan fijamente sin decir nada, no podía. Todo esto parecía irreal, una broma del destino. Pero ¿podía ser? Traté de recordar nuevamente esos dos días que estuve en casa de Abigail, recordé que me encargué de observar si había otras personas ahí aparte de Jade y Abigail, pero no vi nada, no olí nada, no sentí nada. El pecho me oprimía, las palabras no salían ¿era verdad lo que creía? – ¡Benja! Me estás preocupando. – Ryan…creo que necesitamos ir a verlas ya. °°° 22 de diciembre 2:00 pm Estaba nervioso, mis palmas en el volante sudaban, mis piernas temblaban de nuevo. Por primera vez la incertidumbre me llenaba ¿y si era de verdad lo que sospechaba? Antes de salir de casa hice que Ryan tomara una ducha y se arreglara, me tomó mi tiempo hacer que aceptara, pero la ventaja estaba en hacer salir el comando alfa para que obedeciera, hice lo mismo y en tiempo récord estábamos en mi auto, en el camino le conté todo lo que sabía y al igual que yo, mi beta se quedó mudo, luego se volvió medio loco queriendo explicaciones que en realidad no podía darle porque yo estaba igual de perdido que él y finalmente, se puso nervioso como yo, cosa que me alegraba porque así no estaba solo en esta montaña rusa de sentimientos. Mi informante me dijo que nuestras mujeres se habían retirado del kínder y ahora estaban en el restaurante del pueblo comiendo con los dos niños. Y nosotros como acosadores que éramos, esperábamos a que ellas salieran. Sí, esa parte no me avergonzaba en lo más mínimo. – ¿Estás listo? – No, por primera vez me siento nervioso. Benja ¿esos niños son nuestros? ¿todos estos años lo pasamos sin saber de su existencia? Yo…creo que me voy a desmayar o vomitar, lo que pase primero. Bufé, si hubiera estado en otra situación muy posiblemente me hubiera reído de mi tonto amigo, porque esa actitud sin duda no era de mi beta. Pero teniendo la cuenta mi posición, yo estaba igual o peor que él. Pensar que tenía un hijo del que no sabía nada me tenía mal. Vaya, creo que yo también podría desmayarme. – Tranquilízate, necesitamos estar en nuestros cinco sentidos. Sí, eso me lo decía más a mí mismo que a mi amigo. – Cómo voy a estar en mis cinco sentidos cuando no solo yo, sino mi lobo me insta a entrar y comprobar si esa cachorra es mía y reclamar a mi mujer. – Te entiendo, pero- – Mira, ahí están. Mi mirada giró a hacia la puerta del restaurante y la respiración se cortó. Todo a mi alrededor se detuvo y se hizo un borrón apenas vi a mi Abigail, mi gatita. Seguía teniendo ese rostro de bebé que hace seis años, su cabello ahora era de un color azulado y seguía vistiéndose como antes, pero ahora parecía mucho más atractiva, más madura. Mi corazón latió de anhelo, anhelada tanto poder estrecharla en mis brazos, tenerla como la tuve hace años, me tomé mi tiempo para absorber todo lo que mis ojos veían. Finalmente desvié la mirada, de la mano de mi gatita iba un niño de aproximadamente cinco años, cabello oscuro como el mío, ojos marrones como los míos, hasta sonreía como yo cuando era niño. Si ver a mi gatita hizo que mi corazón latiera más rápido, ver al niño hizo que mi corazón se detuviera. Era una copia mía, parpadeé para comprobar si lo que veía era real, mi boca se encontraba abriéndose y cerrándose, buscando qué decir, buscando aire, buscando algún ancla para que me devolviera a la realidad. Es nuestro cachorro, hay que protegerlo. Las palabras de Hades no me ayudaron a despertar, me encontraba muy ensimismado en ese niño, quien me ayudó fue Ryan quien se precipitó a abrir la puerta del auto, mierda. No tuve más opción que bajar para intentar mediar, lo que callamos los alfas. No tuve tiempo para poder asimilar la situación pues un m*****o importante de mi manada iba a volverse loco, posiblemente, no iba a arriesgarme. Las dos mujeres se dieron cuenta de nuestra presencia cuando llegaron a su auto. Parecían dos venados que miraban un faro de luz, debía aceptar que mi Abigail se veía adorable así, en otra situación yo hubiera disfrutado la reacción. Entre los cuatro se hizo un silencio ensordecedor que una pequeña rompió. Era la pequeña que iba de la mano de Jade y se parecía a ella con la diferencia de esos ojos parecidos a los de mi beta, la pequeña alzó su manita y señaló a Ryan sonriendo como si hubiera encontrado algo muy emocionante. – ¡Mira mami, es papi!
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