ABIGAIL
Lo primero que hice fue correr hacia el primer piso como si la vida dependiera de eso, una vez llegué busqué por todas partes en señal de mi hijo.
– ¿Jared?
Pasé por la cocina y mis nervios ya estaban aumentando al no ver señales de mi pequeño, mis manos temblaban de miedo ¿Y si se había perdido? O peor aún ¿si Benjamín lo había encontrado y se lo había llevado? No, no, no, no podía ser.
– Jared, bebé ¿dónde estás?
La sala estaba vacía, como si nadie se hubiera levantado, como si la casa nunca hubiera sido habitada en los últimos días. Con cada segundo sin encontrar a mi hijo, el aire se me iba y la desesperación aumentaba.
– ¡Jared! ¡Jared! ¡Jared!
Subí corriendo a las habitaciones, en este punto yo estaba al borde del colapso, estaba segura que mis manos y mis piernas me temblaban, pero la misión que tenía de encontrar a mi hijo era más fuerte que todo eso. ¿dónde estaba mi hijo? Al borde de las lágrimas bajé nuevamente cuando escuché que abrían la puerta. Y finalmente lo vi, mi bebé entrando por la misma puerta por la que había salido su padre.
Ahora que era madre, comprendí muy bien a la mía al recordar la vez que me fui con una amiga a su casa cuando acabó el colegio, se suponía que debía esperarla, pero en cambio me fui sin decir nada. Estuve en casa de mi amiga hasta las cinco de la tarde cuando su mamá llamó a la mía para que no se preocupara. Cuando me fueron a dejar pensé que me iba a castigar, que iba a regañarme duramente por la falta que yo sabía había cometido, pero lejos de todo pensamiento me abrazó llorando del alivio. Y eso mismo hice yo, corrí hacia mi hijo y lo abracé.
El alivio fue tanto que todas las preocupaciones se fueron volando una vez tuve a mi bebé conmigo, oliendo su aroma de bebé, sintiendo su calor.
– ¿Tía Abi?
– ¿Mamá?
– ¿Abi? Perdón, no sabía que habías despertado. Llevé a los niños al jardín en la parte de atrás para que él no los viera y una vez me aseguré que ya no estaba me apresuré en traerlos dentro.
Sabía de quién estaba hablando y mentalmente le agradecía a mi amiga por pensar en cuidar a nuestros hijos.
– No, no te preocupes. Es solo que…lo vi al despertar y me preocupé…solo…solo me alegró que estemos a salvo.
– ¿Cómo te sientes?, debes estar hambrienta luego de la transición. Te prepararé algo delicioso.
– Mami ¿es cierto lo que dijo mi tía Jade? ¿Ahora eres como una super heroína que tiene poderes?
Miré a mi hijo con sus ojos llenos de ilusión, solté una pequeña risa mientras despeinaba su negra cabellera.
– Pues, algo así. Pero tú cuando crezcas serás mucho más fuerte que yo.
– ¿Yo también seré igual de fuerte que tú cuando será grande?
Los pequeños ojos de mi bebé se abrieron en sorpresa y anhelo. Me enterneció su actitud, no pude resistirme a besar sus mejillas regordetas.
– Sí, cuando seas adulto podrás tener poderes mucho mejores que los míos, pero por mientras ya sabes que debes mantenerlo en secreto.
– ¿Así como spider-man que oculta su identidad?
– Sí, así como él, no puedes decir nada ¿de acuerdo?
– ¡Sí! Cuando sea grande podré protegerte a ti, a la tía Jade y a Sami de todos los peligros.
Solté una pequeña risa besando una última vez sus mejillas antes de ponerme de pie e ir a la cocina con todos.
– Tía Abi ¿yo también tendré poderes como mami?
– Claro que sí mi vida, tu y Jared heredarán los poderes de sus padres. Cuando sean grandes no solo serán preciosos, sino también poderosos.
– ¿Quién es más poderoso, mami o papi?
Los ojos color verde que heredó de su padre me miraron con ilusión. La pequeña Sami era una amante de todo lo relacionado con la fantasía, las historias de amor y la familia feliz. Con ella tuvimos unos problemas debido a que preguntaba constantemente por el paradero de su padre desde una actividad en su kínder que se relacionaba directamente con la participación de los padres. Tuvimos que decirle que su padre trabajaba en otra ciudad, pero que siempre solía preguntar por ella, incluso tuvimos que mostrarle una foto de Ryan para que lo conozca y se calmó por un tiempo.
– Pues siempre los varones son un poco más poderosos.
Una incómoda Jade sonrió mientras sentaba a su hija en la mesa de la cocina y se ponía a hacer el desayuno. Por mi parte solo guardé silencio ayudando a mi hijo a sentarse, aproveché el momento para darles a los niños sus libros de colorear mientras Jade y yo hacíamos el desayuno. La ilusión de Sami se hizo mucho más grande. Volteó a mirar a Jared con una gran sonrisa.
– ¿Entonces Jared será igual de fuerte que su padre?
Sonreí un poco incomoda mientras asentía con la cabeza mirando a mi hijo, quien no mostró mucha reacción al oír hablar de su padre. Con Jared la historia era diferente, él no preguntó nunca por su padre, pero me di cuenta que siempre que había actividades miraba fijamente a las demás familias. Yo sabía que no podía darle una familia completa y eso me mataba. Como hija de una familia disfuncional, yo esperaba que en un futuro pudiera darle al que iba a ser mi hijo una familia unida, una familia que yo no tuve, pero parecía que fallé estrepitosamente. A veces hasta me sentía mala madre por no poder darle a mi bebé lo que él necesitaba.
– Jared, ¿no estás emocionado? Te parecerás a tu papi.
– No especialmente. Con parecerme a mami soy feliz.
Mi corazón se apretujó, había veces en las que Jared era como un niño normal, emocionándose y jugando como lo hacía cualquier infante, pero había otras en las que se comportaba como un adulto, como ahora mismo. No sabía si eso había sido heredado por su padre o si maduró más de lo normal por no tener una familia completa, lo que me preocupaba. Acaricié la cabeza de mi hijo. Dejé por un momento a los dos niños coloreando en la mesa y me acerqué a Jade que estaba friendo los tocinos. Me apresuré a romper los huevos dispuesta a freírlos después.
– ¿Cuántos tiempo estuve fuera?
Me aseguré de bajar mi voz lo suficiente como para que Jade me escuchara, pero no lo suficiente como para que los niños lo hicieran, necesitaba toda la información posible. Si teníamos que quedarnos aquí un tiempo debía estar preparada con todo lo que estuviera pasando en el pueblo ahora.
– Dos días. Me preocupé demasiado cuando pasó el primer día y no despertabas, pero Benjamín me dijo que era normal dado tu origen mestizo. Me preocupé aún más cuando el alfa no se iba, pero cuando se quedó en tu cuarto esos dos días me aseguré de brindarles a nuestros hijos todo lo que necesitaran en silencio y de rociar un spray anti-olor para asegurarme de nublar todo el aroma en la casa. En las mañanas los mantenía en la parte de atrás del jardín, me aseguré de darles un juego en la que no podían hacer ruido, algo parecido a una búsqueda silenciosa del tesoro, no sé cómo se me ocurrió esa idea, pero con eso pude explicar bien lo del spray y lo de mantenernos en el jardín posterior lejos de tu habitación, y en las noches me apresuraba en llevarlos a sus cuartos. Benefició bastante el hecho que estas habitaciones cuentan con sus propios baños y estas paredes están hechas para que no se escuche nada a través de ellas.
Asentí con la cabeza soltando un suspiro de alivio, tenía miedo que pasara lo peor mientras estaba dormida, pero parece que a pesar de todos los aprietos Jade pudo hacerlo bien.
– Lo siento, si mi cuerpo hubiese resistido más yo-