Capítulo 13

1237 Words
BENJAMIN Mierda. Cuando la traje aquí no pensé en nada más que quitar el asqueroso aroma de ese macho debilucho de Abigail, no esperé que terminara así. ¿Qué más esperabas? Es normal que perdamos el control con nuestra pareja. Ella es la única que soportará nuestra locura pasional, la que aceptará todo lo que le demos. –Pareces más orgulloso de lo normal. ¿por qué no lo estaría? Nuestra pareja está con nosotros, nos recibió muy bien a pesar de ser humana y ahora estamos anudados a ella. Solo falta esperar la noticia de embarazo y que la marquemos y todo estará muy bien. –No habrá embarazo, sabes que es complicado que una humana quede embarazada de uno de los nuestros y no la marcaremos. Entonces seguiremos fallándola y quedará embarazada. Ahora me iré a dormir, no lo eches a perder porque será lo último que hagas. Ya probé a mi compañera y no voy a perder eso por ti. Sin decir más se fue a lo más profundo de mi mente y a mí me dejó con el problema. ¿Qué haría? Podía sentir el aroma de su nerviosismo y eso me caía mal. Mi cerebro me decía que la alejara, no podía estar eso a semanas de mi compromiso con otra hembra, pero mi cuerpo se encontraba tan relajado, mis manos recorrían su suave espalda y se sentía tan correcto. – ¿Benjamín? La dulce voz nerviosa de Abigail me hizo volver a la realidad. Ahí estaban esos dos orbes marrones mirándome con incertidumbre y yo solo quería que se quedara conmigo para siempre. Carraspeé dejando ir esa idea de lado. ¿Qué le diría? Ningún hombre se hinchaba y se quedaba así pegado a su pareja. Creo que la única opción era la verdad. Tal vez con eso ella sola se alejaría por el miedo. Sí, ese plan estaría bien, le diría todo y luego ella me dejaría y dejaría este pueblo. Esa idea me supo fatal, pero lo hice a un lado. – Bueno, no sé cómo decirte esto. ¿Has visto cómo son los cruces de los lobos? – ¿Qué tiene que ver… – Solo…solo dime. Suspiro. – Bueno, solo he escuchado que tanto los lobos como los perros cuando terminan el…el acto, el pene del macho se hincha y pues se quedan ¿pegados? A la hembra como por media hora. Pero ¿eso qué tiene que ver con esto? – Bueno, digamos que estaremos, así como por media hora más o menos. Silencio. Silencio. – ¿Puedes decir algo, por favor? – Es que no sé qué quieres que te diga. ¿me estás diciendo que eres una especie de lobo o algo así? Silencio. Silencio. – …¡Estás jediéndome! Abigail tuvo el reflejo de levantarse y alejarse, pero mis reflejos fueron más rápidos y la abracé por la cintura impidiendo que se alejara de mí, porque no quería que se hiciera daño y porque no me sentaba bien estar lejos de ella. – Tranquila, gatita. No puedes alejarte o te harás daño. – ¿Que me tranquilice? ¿Te estas escuchando? ¿me estás diciendo que eres una especie de criatura mitológica, un hombre lobo, que tu pene hinchado está pegado a mi v****a por media hora y recién se te ocurre contarme eso ahora? ¿y tú pides que me tranquilice? Verla enojada era adorable, tenía razón, si iba a hacer esto antes debí hablar con ella, pero no pude hacerlo con el olor de otro macho en ella. Estaba discutiendo conmigo con ella encima de mí y con mi pene muy dentro de ella, asegurándose que quedara embarazada de mis cachorros. Apreté el abrazo y mis caderas se movieron haciendo que me hundiera un poco más en ella. Tal vez no podía salir, pero bien podía meterme un poquito más. Un delicioso gemido fue mi recompensa junto a su delicioso coño apretando aun más mi polla. – Lo sé, gatita. Estuvo mal, pero te lo estoy diciendo ahora, solo media hora juntos. Hubo un silencio y yo esperaba que discutiera más, pero fuera de lo que yo pensaba, solo soltó un suspiro y se acurrucó en mi pecho. – Cuando termine esto tendré preguntas, muchas preguntas y lo mínimo que espero es que me las respondas todas ¿de acuerdo? – …De acuerdo. Con eso la habitación se sumergió en un silencio cómodo. Mi mano iba y venía por la espalda desnuda de Abigail. Solo pasó unos minutos cuando noté la respiración profunda y el cuerpo laxo de mi compañera, se había quedado dormida. Ahora que estaba en silencio me puse a pensar en todo lo que pasó hoy. Entré a ese bar solo para acordar mi compromiso con el beta de la manada de Santa Bárbara, tenía un plan, joder. Tenía un plan y al salir del maldito privado ese plan se fue por la borda. No pude soportar ver a Abigail con otro, ¿sería así si no la reclamaba? Digo, estaba bien para mí estar con otra hembra, en mis planes no estaba una pareja destinada, pero si hubiese sido una hembra fuerte y con genes completos de lobo no me hubiera importado. Lamentablemente Abigail no era la Luna que yo necesitaba y estaba bien con eso. Pero el solo ver que mi pareja destinada estaba con otro macho, eso no estaba bien para mí. ¿por qué? Racionalmente hablando también debería dejar que ella hiciera su vida. Delilah había firmado un contrato en el que estaba de acuerdo que la tuviera a ella y a mi pareja destinada conmigo, con ella no tenía problema. El problema era mi compañera destinada, según lo que escuché de Ryan, Jade le contó que vino aquí por una infidelidad por parte de su ex humano. Lo que me hizo pensar que ella no aceptaría estar conmigo si yo seguía con Delilah. Para empezar ¿cómo era posible que estuviera con otro macho? Se me revolvió el estómago solo pensar en la imagen de mi compañera abrazando sus noches junto a un humano débil. Presioné mis brazos alrededor de mi mujer y sentí cómo ella se removió un poco frotando su nariz en mi pecho. Aunque fuera humana buscaba mi olor, tal vez algunos rasgos de su herencia lobuna estaban escondidos, eso hizo que me calmara un poco. Todo ese tiempo estuve pensando en la mejor manera de proceder, preguntándome si era factible dejarla ir, si podía esconderla en algún lugar. Mi mente solo volvió a la realidad cuando sentí mi pene salir del coño cálido de Abigail y entonces el sentimiento de vacío me ahogó. No estaba preparado para dejarla ir, no quería dejarla ir y no volver a sentir su calidez. Con cuidado la giré y la puse sobre la cama. Me tomé mi tiempo para limpiarla y también para limpiarme. En ese tiempo la idea de dejarla ir estaba cada vez más y más lejos de mis opciones, no podía no volver a sentir esta piel entre mis manos, no quería alejarme de ella. Entonces cuando me volví a acostar a su lado y a abrazarla para asegurarme que no se escaparía ni me dejaría, me lo prometí. Mantendría a esta mujer conmigo, así tuviera que esconderla de todo y de todos, ella se quedaría conmigo lo quisiera o no porque si ella se iba, yo ya no podría vivir.
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