20 de diciembre 4:00 pm
A lo lejos se escuchaba música. Con la poca fuerza que tenía abrí los ojos y frente a mí una carretera se extendía. Giré mi cabeza ¿Cómo lo logré? Ni yo misma lo sabía, pero en mi mente solo había una pregunta que necesitaba saber para volver a dormir. Frente a mí una Jade concentrada estaba como piloto. Noté cómo sus nudillos estaban blancos por la tensión que tenía pero que ocultaba mostrar.
– ¿Los niños?
Mi voz ronca y rasposa salió y yo solo sentí que esa no era mi voz. Tenía los síntomas de un borracho sin beber nada, aún tenía fiebre y la calentura, aún el dolor de cabeza me taladraba, y solo porque mi amiga había puesto una manta para cubrir la luz que filtraba en mi lado del asiento no me dolían los ojos. Jade volteó un poco y luego su vista volvió a la carretera.
– Están durmiendo. Todo está bien, descansa un poco más, falta poco para llegar.
Con eso volví a cerrar los ojos y confié en mi amiga.
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20 de diciembre 5:00 pm
– ¿Cuándo va a despertar mamá?
La voz preocupada de mi hijo llegó a mis oídos, mi pequeño quien no mostraba muchas emociones, ahora lo sentía ansioso. Sentí sus pequeñas manitas acariciar mis manos.
– Tranquilo corazón, pronto llamaré a alguien que nos ayudará. Por ahora los llevaré a sus habitaciones.
Intenté abrir mis ojos, tranquilizar a mi hijo que todo estaba bien, que no necesitaba preocuparse, que su madre era fuerte, pero no encontré la fuerza que necesitaba. La oscuridad me llevó nuevamente.
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22 de diciembre 9:00 am
La luz del sol cayó en mis ojos junto a un aroma delicioso a chocolate que llenaba la habitación y llegaba a mi nariz como una ofrenda deliciosa, fruncí el ceño un poco disgustada por la luz, pero contenta por ese aroma en mis sueños ¿a quién le gustaba que su sueño fuera interrumpido por el sol? Mi boca se hizo agua por el sabor, quería ir a ese sabor y comer ese chocolate. Me removí un poco tratando de cubrir mi rostro de la luz, rezando por seguir soñando con ese aroma delicioso.
– ¿Ya estás despierta?
Una voz gruesa y muy conocida llenó el silencio de la habitación. Hacía mucho tiempo que no escuchaba esa voz, ¿estaba soñando? No creía tener pesadillas en ese momento. Si fuera una pesadilla no estaría soñando con chocolate ¿cierto? me removí nuevamente en la cama para callar esa voz y seguir con mi sueño chocolatoso.
– ¿Me estás ignorando ahora mismo?
Esa voz tan conocida volvía a molestar, fruncí el ceño. ¿Entonces de verdad él estaba aquí en mi cuarto de San Francisco? ¿cómo pudo encontrarme? ¿y qué era ese olor delicioso? ¿Jade estaba preparando algún postre? ¿qué pasaba con los niños? Ahora estarían en el colegio así que no verían a ese lobo idiota, bien, todo iba bien…De pronto todos los recuerdos vinieron de golpe, mi malestar, el viaje a Arroyo grande. Entonces no era un sueño, él de verdad estaba ahí. Eso hizo que abriera mis ojos de golpe y me sentara sobre la cama. Un pequeño dolor de cabeza hizo cubriera mis párpados con mi mano. Poco a poco comencé abrirlos y a acostumbrarme a la luz. Y entonces lo vi.
Benjamín estaba parado apoyado sobre la puerta cerrada de mi habitación tan sexy como siempre. Vestía una camisa negra junto a unos pantalones del mismo color. Todo en él estaba igual, estos seis años no pasaron por sus facciones. El olor a chocolate que venía de él me aturdió, mi boca salivaba, solo quería morderlo un poco y acercarme e inhalar ese olor a chocolate que tanto necesitaba. Mis partes íntimas también prestaron especial atención. Mis traidores pezones se endurecieron y mi intimidad estaba húmeda, deseando ser tocada. Mi respiración aceleró como si hubiera corrido una maratón.
Benjamín se tensó, abrió sus fosas nasales e inhaló. Se veía claramente cuánto estaba conteniéndose, ahora lo veía claramente.
– Gatita, me estás tentando como nunca. Si no te detienes ahora, no me va a importar que estes recuperándote y te tomaré aquí mismo.
Esa voz ronca solo provocó que me mojara más, mi cuerpo parecía complacido por esa idea. Pero de pronto recuerdos del pasado me atormentaron, nuestra primera vez siendo tan íntimos, sus engaños diciéndome que era suya, luego sus engaños al esconder que era su pareja destinada, él diciendo que no era adecuada para estar a su lado, finalmente su boda con Delilah. Todos esos pensamientos fueron como si me tiraran un valde con agua helada. Aunque el olor a chocolate era irresistible, pude detener bien mi deseo y mi excitación. Benjamín pareció olerlo porque frunció el ceño e inclinó su cabeza en señal de confusión.
Miré hacia abajo notando que solo traía un vestido de dormir corto y con escote pronunciado que usaba para dormir los días más calurosos. Por inercia me apresuré a cubrirme con mi manta, acomodé mi cabello despeinado y me tomé mi tiempo en mirar a mi alrededor. Me di cuenta que estaba en la habitación principal, pero ¿Dónde estaba Jade y los niños? Un escalofrío recorrió mi espalda ¿él los vio? No pudo, él no podía ver a mi bebé…al menos no ahora, no cuando estaba débil. Carraspeé sintiendo la garganta seca.
– Qué…¿qué haces aquí? ¿dónde está Jade? ¿cómo llegué aquí? ¿qué me pasó?
– Tranquila, gatita.
Benjamín intentó acercarse y ese olor se hacía cada vez más fuerte. Si él me iba a responder todas las preguntas debía tener la mente clara y con él cerca no podía.
– Alto. No te acerques…puedes explicarme todo desde ahí.
Benjamín se detuvo en seco y creí ver por un momento un atisbo de dolor en su mirada. Soltó un suspiro y volvió a apoyarse en la puerta. Me puse de pie con las sábanas envueltas en mí, cubriendo mi cuerpo a excepción de mi cabeza, y me acerqué a la ventana. La abrí esperando poder ventilar un poco la habitación de ese aroma que me perturbaba y me encontré con olores diferentes, todo era más intenso, incluso al abrir mis ojos, el paisaje era diferente, como si lo estuviera viendo con otros ojos.
– Qué-
– Culminaste tu transición. Al parecer la parte de ti que es lobo se activó de alguna manera y se puso a pelear con tu parte humana por el dominio. Con la guía necesaria de tu alfa pudiste pasar la transición así que, tu lado maternal ganó y ahora eres una loba plena y completa, felicidades. Ahora gracias a eso tus sentidos serán más y más agudos, tal vez aun no aparezca tu loba, pero pronto podrás conversar con ella.
Escuché en silencio todo lo que dijo ese hombre sin dejar de ver el paisaje que se extendía ante mí. En esa época del año debería hacer frío, pero no lo sentía para nada, estaba cubierta solo por no mostrar mi cuerpo a ese hombre, no por que tuviera frío.