—¡Por fin es viernes! — gritó Sarah y se lanzó a mi cama emocionada. —No sé tú, pero yo tengo flojera de ir a la fiesta de Madison,— comenté desganada sentándome en la silla de mi escritorio. —No seas abuela para tus cosas,— reclamó y me lanzó una almohada, como tengo unos pésimos reflejos me llegó en la cara,— Iremos y la pasaremos genial. Te lo aseguro. Gruñí,— Ni siquiera tengo zapatillas decentes para ir,— reclamé mirando mis zapatillas sucias. Sarah frunció en ceño,— ¿No que eran blancas? —Exacto,— hice puchero y ella soltó una risa,— Además, no tenemos quién nos lleve y tu odias tomar un taxi para ir a la fiestas. Cosa que nunca enteré pero es así. Ella rodó los ojos,— Ya lo tengo todo planeado,— comentó y movió su cabello divamente,— Erick nos vendrá a buscar, me dijo que le pediría el auto a su madre. —Erick conduciendo es igual a s******o. —Erick conduciendo es igual a no tener que subirme a un taxi con olor a que alguien no conoce el desodorante,— dijo y se levantó,— Iremos a mi casa en la tarde y elegiremos algo bonito para ponerte. Volví a gruñir,— Tengo que cuidar a mi hermana. Lo siento, —Mi madre se encargará de eso, sabes que a ella le encanta cuidar niños,— comentó e hizo cara de suplica,— Vamos. Será divertido, es nuestro último año y debemos aprovechar todas las fiestas que se nos presentes. —Pero a esta no quiero ir...— volví a reclamar y Sarah me miró mal. —Iras igual, porque yo lo digo. Un día de estos la mataré. (...) —¿Te gustan? — dijo con ilusión y me mostró unos botines café. —No. —¿Te gustan? — me mostró unos tacones dorados. —No. Sarah resopló y revolvió como por milésima vez su armario para encontrar otro tipo de calzado,— ¿Te gustan? —¡Sí! — grité de la emoción al ver unas vans recién compradas. —Algún día podré convencerte de ponerte tacones,— se quejó Sarah amenazándome sacando unos tacones para ella,— Algún día Evans, algún día... —Ajá, mhm, sí, esperaré sentada,— dije con ironía y tomé las zapatillas de su mano. Me senté en su cama y me coloqué las vans lo más feliz de la vida. Nunca me había puesto este tipo de zapatillas, por lo tanto no me había dado cuenta lo ¡Cómodas que son! ¡Dios mio, estoy pisando el cielo! Sarah, para arruinar mi felicidad, me lanzó ropa en la cara y dijo que me la colocara, me negué. Sin embargo, conozco a mi mejor amiga y si no me pongo lo que ella dice, pegará un chasquido como el de Thanos y me hará desaparecer. Así que mejor hacerle caso antes que acabe con mi existencia. Una vez terminé, saqué el celular de mi bolsillo y leí en mensaje que mi primo me había enviado hace pocos segundos,— Erick llegará en 10,— comenté,— ¿Tienes algo para comer? —No, tenía galletas pero alguien se las comió,— dijo mirándome con los ojos entre cerrados. Sonreí inocente sin mostrar los dientes,— No tengo ni la menor idea de quien pudo a ver sido. Pasaron unos cuantos minutos y Erick ya estaba aquí. Su ansiedad me hacia ponerme nerviosa, no dejaba de tocar la bocina y gritar "¡Ya vámonos, llegaremos tarde!" Sarah y yo nos despedimos de su madre y mi hermana. Le di las gracias por milésima vez por cuidar de este mini demonios y salimos de la gran casa. Encontrándonos con un auto que no es de mi tía y a Erick sentado en el lado del copiloto. —No conozco ese auto,— comenté mirando un auto blanco en frente de la casa. Erick saludó con la mano pero luego levantó el dedo de al medio,— ¡Vámonos! ¡¿Tengo que mandarles tarjeta de invitación para que se suban al auto?!— gritó. Le saqué la lengua y lentamente me acerqué confundida al vehículo. Una vez que ya estaba dentro me di cuenta de que él que iba conduciendo era el mismísimo Thompson. —¿Cuál es tu truco para generar dinero? Ósea pregunto porque este auto vale más que mi vida, — dije mirando cada detalle. Sarah soltó una risita que trató de disimular tosiendo. —Hola también para ti, Pilar,— respondió él con sarcasmo. Rodé los ojos. —La fiesta comenzó hace quince minutos,— dijo Erick preocupado mirando su celular,— Llegaremos tarde. —Te preocupas llegar tarde a una fiesta y no te preocupas de llegar tarde a clase,— comentó Sarah. —El alcohol hace la diferencia, pequeña Miller,— comenté,— El alcohol hace la diferencia...— Erick soltó una risa y chocamos los cinco. Cuando llegamos a casa- que parecía mansión, por cierto- de Madison, vimos a una cantidad de gente impresionante. La música se escuchaba a cuadras y los pubertos de primer año estaban más locos de lo normal. Entramos a la gran casa y mis amigos pidieron unas bebidas para entrar en ambiente. Nos acercamos a un sofá cerca de la zona de baile y decidimos sentarnos. —¿Quieres bailar? — le preguntó Erick a Sarah. Ella asintió con una sonrisa y se dirigieron a la pista muy a gusto. Sonreí burlándome al ver la cara coqueta de Erick al bailar con mi mejor amiga. Jáh, como si pudiera conquistar a Sarah. Ella es más difícil que las matemáticas. Un silencio incómodo nació entre Thompson y yo. Tampoco es que me interesara romperlo, mientras que él no abra la boca, todo estará bien. —¿Quieres algo para tomar? Rayos. Mi plan de no dirigirle la palabra a Johan en toda la noche se fue por la borda. Giré mi cuello para ver su rostro y asentí para no ser descortés. Además, otro de mi plan era quedarme en este sofá hasta que termine la fiesta, y tener algo para tomar dentro de ese tiempo no es mala idea. Él sonrió y se perdió entre la gente. Saqué mi celular de mi bolsillo y comencé a revisar las r************* , todos estaban subiendo fotos de la fiesta de Madison, al parecer tenía una piscina al otro lado del jardín que poco me interesa descubrir. —Ten,— me dijo Johan mostrándome el vaso de plástico en mis narices una vez llegó. Le agradecí con una sonrisa y tomé del liquido. —¿Por qué mi trago sabe a jugo de melón? — pregunté asqueada haciendo una mueca. —Oh, lo siento, ese es mío,— comentó entre risas y cambio mi vaso por el qué él tenía,— Estoy conduciendo entonces... Asentí comprensiva,— Entiendo, entiendo. Muchas chicas de la fiesta pasaban por frente nuestro y miraban muy coquetamente a Johan. Por un segundo lo miré. ¿Cómo alguien le podría gustar un chico tan egocéntrico? Diug. —¿Quieres bailar? — preguntó él tendiendo una mano hacia mi. Negué con la cabeza,— Nah, estoy feliz con mi trasero aquí. Ve tú, de seguro hay muchas chicas deseando bailar contigo. —Cualquier problema, me avisas,— contestó él y sonrió. Levantó el vaso en gesto de un brindis y se acercó a la pista de baile buscando como un animal a quién cazar. Rodé los ojos y tomé el líquido del vaso. Me gustaba analizar mi entorno en las fiestas. Siempre están los mismo personajes en cada una. Como por ejemplo, no pueden faltar las parejas se comen la boca con cualquier tipo de canción, las típicas amigas que bailan entre ellas, los asquerosos y desagradables hombres que vienen aquí solo para mirar mujeres, los chicos de primer año que toman un solo trago de alcohol y vomitan toda la noche, los borrachos que se ponen agresivos, los borrachos que se ponen cariñosos y los borrachos que solo miran una pared por tres horas. Solté una risa al ver a cada uno de ellos y volví a tomar de mi trago. Saqué mi celular y miré las r************* . Todos los que conocía subían fotos de la gran fiesta de Madison, algunos de ellos estaban en la piscina, cosa que me hizo pensar que son inmortales ¿Cómo no se mueren del frío? Miré a mi alrededor y no vi a ninguno de mis amigos. Lo que me hizo pensar que estarían en el jardín, es por eso que me levanté del sofá y fui directo hacia allá. Nuevamente volví a escanear mi entorno buscando a mis amigos. Me acerqué un poco más a la piscina con cuidado de no caerme o que salpicara agua. Una vez encontré a Sarah y Erick con la mirada sonreí, pero a los pocos segundos esa sonrisa se esfumó. —Pero que demonios...— susurré para mi sorprendida e indignada. Dios mío. Jesús. Dios mío y Jesús. ¡Erick y Sarah se acaban de besar! ¡Mi primo y mi mejor amiga se acaban de besar! ¡Mi mejor amiga tiene el ADN de mi primo en su boca! ¡Virgen santísima! —¡Hey! — grité para llamar su atención, pero para mi mala suerte, resbalé y caí en la piscina. Debido a que me tomó por sorpresa, con mucha dificultad salí a la superficie a tomar aire, sin embargo me vuelven a hundir. Abrí mis ojos- algo que es total mente desagradable en el agua- y vi muchas piernas a mi lado. Intenté nadar hasta un lugar que no hubiera gente, pero se me estaba acabando el aire y necesitaba salir otra vez a la superficie. No pude ya que había mucha gente alrededor mío. Y en una desesperada acción, sentí como me agarraban de los brazos para sacarme. Tomé el aire que necesitaba y comencé a toser, a toser y a tratar de respirar no tan agitadamente. —Tranquila, tranquila,— me decía un chico que se notaba que era como de mi edad,— Ya estas bien. Vamos, te daré ropa seca. No entendía muy bien que estaba pasando, no conozco a este chico, nunca lo había visto antes. Me tomó como princesa y me llevó a dentro de la casa con muchas miradas sobre nosotros. Subimos las escaleras dejando caer las gotas de agua en ellas y entramos a una habitación con colores muy neutros. Me dejó sentada en la cama y me entregó unas toallas del armario. Al parecer es la habitación de invitados. —Ten,— me entregó unos pantalones y un suéter que eran mucho más grandes que mi talla,— Hay un baño privado atrás tuyo, puedes cambiarte ahí. Aún sin saber que estaba pasando, no me quedó de otra que asentir y caminar al baño temblando del frío. Mientras me sacaba toda la ropa mojada, el beso de Sarah y Erick no dejaba de darme vueltas por la cabeza ¿Qué mierda está pasando? ¿Por qué de la nada se besan? Espero que haya sido algún tipo de broma o algo. Una vez salí con el cuerpo un poco más caliente y el cabello solo un poco húmedo pregunté,— ¿A quién le debo agradecer el rescate de película romántica? El chico sonrió secándose su cabello rubio como el oro con una toalla. Dejó esta a un lado y contestó,— Soy Bruno, un antiguo amigo de Madison. —Pilar,— me presenté y le regalé una sonrisa,— Gracias por todo, de verdad. No sabía como salir a la superficie y si no hubiera sido por ti, ahora mismo estaría vomitando agua. Soltó una carcajada,— No te preocupes. Además, no podía dejar pasar la oportunidad de salvar a una chica linda,— dijo coqueto y sonreí halagada,— ¿Tienes quién te lleve a casa? Recordé que Johan me había dicho que cualquier cosa le avisara, entonces asentí,— Sí, no te preocupes. Bruno también asintió y sonrió,— Está bien. Nos vemos luego. —Adiós,— el chico me guiñó un ojo y salió de la habitación. Lo que más me preocupaba en estos momentos es que nadie me descubriera en el cuarto de invitados, mojada y vestida así. Pero bueno, recemos para que eso no pase. Fue entonces que inmediatamente recordé mi celular. —¡Maldición, Demonios y todo lo malo de este mundo!— reclamé en voz alta y lo saqué desesperadamente del bolsillo del pantalón que me había sacado. Estaba todo mojado y me volví a quejar angustiada. No tenía como llamar a alguno de mis amigos para irme a casa, tenía mucho frío y pronto podría agarrar un resfriado. —¡Pilar! — gritó Sarah entrando de golpe a la habitación con Erick, me asusté pero luego suspiré aliviada,— ¡Dios mío! ¡Vimos lo que te pasó! ¡¿Qué estabas pensando?! ¡¿Qué te transformarías en una sirena al tocar el agua como Barbie?! La abracé entre risas,— Estoy bien, tranquila. Fue solamente un chapuzón,— dije y estornudé. Erick me miró levantando una ceja,— Pues yo no lo creo. Mi cara cambio de aliviada a desafiante y me acerqué a mi primo apuntándolo con mi dedo índice,— ¡Tú! ¡Te atreviste a besar a mi mejor amiga! ¡Rata inmunda! ¡Dime de inmediato que fue lo que pasó por sus cabezas! —Primero, respétame, soy tu primo y yo se que en el fondo ¡Bien en el fondo! Me amas,— respondió bajando lentamente mi dedo cerca de su cara,— Segundo, debes estar loca o ebria porque yo no me besé con Sarah. Tercero, tenemos que encontrar a Johan para llevarte a casa antes que te enfermes. Y cuarto, hueles horrible. —Ahg, gracias por el cumplido,— me quejé rodando los ojos,— Vamos a buscar al idiota ese. Quiero mi cama. ***