Capítulo 6

2313 Words
¿Recuerdan cuando les dije que odiaba a mi primo? Pues, ahora lo odio más. ¿Por qué? Porque sí, fin de la discusión. Me acabo de despertar y rezaba para que Erick no estuviera cocinando. Digamos que cuando cocina se altera mucho y deja un desastre mayor que mis ganas de matarme. Desperté a Sarah quién estaba al lado mío de la manera más sutil posible y me dirigí a mi baño. Hice mis aseos personales y me vestí con lo primero que encontré- no entremos en detalles- Cuando salí de mi habitación bien decidida a ir a la cocina, me topé de golpe con Johan provocándome un susto. —Buenos días,— dijo él mientras bostezaba y luego me dio una sonrisa. Sonreí sin mostrar los dientes,— Púdrete. Cuando llegué a la cocina, encontré a Erick husmeando en mi refrigerador como si fuera un ratón. Me crucé de brazos,— ¿Qué haces? — pregunté y gritó del susto. —¡¿Quieres matarme?! — preguntó tocándose el pecho dramáticamente. Puse cara pensativa,— No es mala idea. —Buenos días para ti también,— dijo irónico sonreí. Me acerqué y le revolví el cabello mientras buscaba con la mirada el cereal. Una vez lo encontré, saqué un plato y me hice un yogurt con cereal mientras que Erick tratada de no quemar la cocina al intentar hacer huevos revueltos. Quise quedarme para ver el resultado de esos huevos pero al final me rendí y subí a mi habitación, en donde me recosté y comí mi delicioso y rápido desayuno. (...) —Pilar... —... —Pilar... —¿Mhm? —Pilar... Reclamé,— Cinco minutos más. —¡Pilar Evans, levántate ahora! — me desperté de golpe al escuchar los gritos de Sarah en mi oreja. Me incorporé asustada y comencé a preguntar,— ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué pasó? Me apuntó el reloj de mi mesita de noche. Asustada desvié mi mirada hacia este y miré la hora. Eran las 7:50 am, y teníamos el examen a las 8:00 am. ¡Demonios! —Maldición, maldición, maldición,— iba tarde a la escuela, iba tarde al examen,— Maldición, maldición ¡Maldición! Repetía y repetía mientras tomaba mis cosas para la escuela rápidamente y entrando en pánico. Bajé las escaleras lo más rápido que pude intentando no acabar con mi vida, pero en el camino me doblé el tobillo y simplemente no pude evitar la caída. Sin embargo, al caer encima de la espalda de Johan hizo que mi dolor no sea físico, si no emocional. —¡Auch! — gritó este cayendo de cara al suelo conmigo encima. —Eww, no me toques,— reclamé asqueada y me levanté. Fingí quitarme los gérmenes de mi ropa mientras él me mirada. Johan solo resopló y mordió su manzana saliendo de la casa. Sarah y Erick salieron junto a él y cerré la casa con llave, entonces dije alterada,— ¡Tendremos que tomar el autobús! ¡O pedir un Uber! ¡Si no llegaremos muy tarde! ¡Corran! Cuando me dispuse a correr, el brazo de Johan me detuvo, algo que me hizo confundirme y enojarme. Debido a mi expresión que mostraba mi odio, él solo me dio una sonrisa torcida, caminó hasta su auto, se subió y lo encendió,— ¡Vamos suban! Mi expresión de odio se transformó en uno de sorpresa y confusión ¿Acaso no tenía gasolina? Sarah y Erick se subieron lo más felices de la visa mientras que yo tenía mi mandíbula por los pisos,— Ay, cierra la boca Pilar, hay moscas,— me dijo Sarah topando mi mandíbula y cerrando mi boca. Demasiado confundida, me subí y dije,— ¿Acaso no... tenías gasolina? Johan me mira por el retrovisor,— Milagro de las hadas,— y me guiñó el ojo. Ahg, te odio Thompson. (...) Llegamos a la escuela y nos bajamos del auto de Johan que gracias a la hadas funciona. Comenzamos a correr como si un león hambriento nos persiguiera, éramos los únicos tontos que llegaban tarde a un examen de matemáticas. Mientras nos echábamos la culpa entre nosotros por llegar tarde. Llegamos al salón y por suerte aún no habían comenzado. —Miller, Blake, Evans y Thompson,— dijo el profesor algo enojado mirándonos a cada uno,— No sé por qué presentía que iban a llegar juntos. —Tal vez pueda predecir el futuro,— dijo Erick encogiéndose de hombros,— ¡Uh! Tal vez sea un talento oculto y se haga millonario por eso. Solté una risita y el profesor nos mandó a sentarnos más molesto de lo que ya estaba por los comentarios de Erick. Jadeando del cansancio de correr tanto, me senté en la silla y saqué la botella de agua que llevo en mi bolso. Tomé un gran sorbo mientras el profesor entregaba los exámenes, guardé la botella y tomé mi lápiz para empezar a realizar los ejercicios. Pero para mí mala suerte, apenas entendía donde tenía que poner mi nombre. Genial. Después de sufrir un largo examen de matemáticas y sufrimiento, nos dirigimos a las gradas del campus y nos sentamos durante nuestro pequeño receso. —¿Dónde está Johan? — preguntó Sarah buscando al idiota ese con la mirada. —Esta con Erika,— contestó Erick levantando la mirada de su celular,— De hecho allá están. Nos apuntó a la izquierda del campus en donde están las otras gradas. Y efectivamente, Erika estaba sentada en las piernas de Johan mientras él la abrazada por la cintura. Se lo dije ¿Recuerdan? Próximamente será "Y efectivamente, se casarán en Las Vegas" —Apuesto diez dólares a que se acuestan,— comenté comiéndome una galleta. —Hecho,— respondió Erick y estrechamos las manos para sellar la apuesta. Tocaron la campana para entrar a clase y nos levantamos para ir al salón. Mientras caminábamos por el pasillo Johan llegó a mi lado. Confieso que fue súper incómodo caminar por el pasillo con Erick a mi derecha y Johan a mi izquierda. Ellos caminando como todos unos galanes y yo estornudando, súper sexys. —Hola guapo,— comentó una chica de forma coqueta pasando al lado de Johan. —Hola lindo, te veré en el partido de la próxima semana,— comentó otra a los pocos segundos. —Me encanta tu cabello,— le dijo una chica a Erick y él por supuesto, se le subió el ego a la cabeza. —Qué asco,— reclamé y miré a los dos con desagrado, se les veía muy a gusto coqueteando,— Me voy de aquí,— apresuré el paso pero desde lejos veía como el equipo de futbol se venía acercando muy rápido,— Ok, vuelvo aquí,— regresé a estar entre Johan y Erick y me agarré del brazo de mi primo. —¿No quieres que te coqueteen? — me preguntó Johan captando la escena, negué con la cabeza,— Déjame ayudarte. En una milésima de segundos, Johan me tomó por la cintura produciendo que quedáramos muy juntos y todos los del equipo comenzaron a silbar. Me indigné y me zafé de inmediato de su agarre, lo apunté con mi dedo indicé en modo de amenaza y dije,— Vuelves hacer eso, te quedarás sin el día del padre. —¿Pero para qué te alteras? — preguntó con una sonrisa picarona,— Era solo para que no te coquetearan, y supusieran que estás conmigo. ¿Acaso no es lo que quieres? Reí sarcásticamente,— Ni en esta vida ni en la otra, estaré contigo,— se acercó a mí y me volvió a abrazar por la cintura, fue entonces que le di una cachetada que se escuchó en todo el pasillo,— Idiota. Me giré, estornudé y me dirigí al salón. Siempre digna, nunca in-digna. (...) Era la hora de almuerzo, y yo estaba sentada sola en una mesa esperando a mis amigos. Mestique un pedazo de mi manzana verde que tenía en la mano y me limpié la boca con la servilleta que tenía en la otra. —Hola Evans,— dijo una voz masculina sentándose en frente mío. Era James. James. Capitán del equipo, buen físico y mujeriego. Todas las escuelas hay un chico mujeriego, el nuestro es James. Es como una mascota. —James,— dejé la manzana sobre de la mesa fingiendo agrado de que estuviera aquí,— ¿Cómo esta el chico más prostituto de esta escuela? James rio sarcásticamente,— No soy un prostituto. Bien lo sabes. —Y tú sabes perfectamente que lo que acabas de decir es mentira,— sonreí apoyando los codos sobre la mesa. James suspiró,— ¿Recuerdas esos tiempos en que éramos novios? ¿Y que todas las chicas te envidiaban por ser mi novia? Que buenos recuerdos,— dijo mirando hacia otro lado dramáticamente como en las películas. —Fue hace dos años, James, supéralo,— dije cruzándome de brazos. Eran realmente estresante las veces que me recordaba nuestra relación que apenas duró unos meses. —Aún puedo recordar cuando nos decíamos cosas cursis, como por ejemplo "Siempre estaré para ti" "Siempre estaremos juntos, pase lo que pase" — dijo entre risas. —Ay cállate, tenía quince años. No sabía lo que decía,— reclamé y le di una mordisca a mi manzana algo molesta. —No era mi culpa que me acosaras,— comentó con ego,— Y creo que una chica de quince años sabe perfectamente a quién acosa y a quién no. ¿Verdad? Rodé los ojos,— Como quieras, James. Vete de aquí. —Siempre seré tu primer amor Pilar, — se acercó mucho a mi algo amenazante, pero claro, no me sentía amenazada en lo absoluto,— El primer hombre que besó esos labios, siempre seré yo. Solté una risita,— Por Dios James ¿Supéralo ok? El hecho de que terminara nuestra relación solo por el hecho de que yo no quería tener relaciones contigo no te da el derecho de acosarme casa vez que quieras,— le dije con una sonrisita y levanté una ceja,— Así que para la próxima, piensa en otra excusa para estar cerca de mí. James tensó la mandíbula,— ¿Tanto te cuesta admitir que estabas loca de amor por mí? Rodé los ojos,— Ay querido James,— dije entre un suspiro y esta vez yo me acerqué desafiante,— Yo nunca me enamoré de ti,— le guiñé un ojo,— No fuiste mi primer amor. Solo fuiste el primer error que cometí. —¿Todo está bien? — preguntó Erick llegando a nuestro lado junto a Sarah algo preocupado. Me alejé de James con una sonrisa victoriosa al ver su cara de enfado y me crucé las piernas,— Todo está bien,— apoyé el codo en la mesa seguido de mi mentón en mi mano,— Me molesta tu presencia, James. Solo déjame en paz. James se levantó y corrió la silla de mala manera demostrando su molesta. Sin embargo sonrió con arrogancia y retrocedió,— Eso nunca querida. Tensé la mandíbula y lo observé mientras se alejaba. —¿Qué quería ese idiota? — me preguntó Sarah sentándose en frente de mi mientras que Erick lo seguía con la mirada. Resoplé mientras negaba con la cabeza,— Créeme que no lo sé. (...) —¡Chicos! ¡Espérenme! — nos gritó Sarah a nuestras espalda. Estaba junto a Erick y Johan dirigiéndonos a la salida de la escuela,— Mi madre me acaba de decir algo muuuy genial. —¿Quieres que ponga cara de interesada o de emocionada? — pregunté guardando mi pañuelo de papel lleno de mocos. —Si es que puedes ambas,— dijo y Johan soltó una risa,— Me dijo que estará fuera de la ciudad por unos cuantos días. —Y eso significa...— comentó Johan sin entender el comentario. —Que los invito a mi casa a quedarse por esos días, es como una semana más o menos,— explicó emocionada. —¿Desde cuándo los padres se van de la ciudad y dejan a los hijos solos? — preguntó Erick confundido. —Desde que tú te sacas buenas calificaciones,— respondí,— Preguntas sin respuesta. Sarah nos miró raro,— Como decía, se irán a quedar a mi casa ¿Ok? Ok. —¿Este idiota también irá? — pregunté apuntando con mi dedo pulgar a Johan quien estaba a mi lado. Sarah asintió. —Ah claro y el idiota soy yo,— reclamó Johan ofendido. —Tómalo como si te diéramos otra oportunidad para que seas menos idiota,— comentó Sarah apoyándome. —Por eso eres mi amiga,— choqué los cinco con ella. Erick se rascó la nuca,— Al final ¿Qué vamos hacer? Sarah rodó los ojos,— Mi madre se irá este viernes, pueden llegar ese mismo día. —Mi trabajo de niñera duró menos que un dulce,— comentó Erick haciendo puchero,— Mamá te fallé. —Cállate, me deprimes. —Somos como una familia,— dijo Erick cambiando el tema rápidamente mientras caminábamos por el pasillo. Lo miré raro,— A veces me das miedo, Blake. —Solo vamos a pasar unos días juntos como unos buenos amigos,— dijo Johan y todos los miramos confundidos,— ¿Sonó muy cursi cierto? —Sonó como si nunca hubieras tenido amigos,— respondió Sarah,— Pero me parece tierno. —¿Qué le pasa al universo?— pregunté al aire,— De la nada todos nos unimos como si fuéramos amigos de toda la vida. —Déjate de reclamar y tomate la pastilla,— comentó Sarah abriendo mi bolso entregándome la botella de agua y la pastilla que me correspondía. Me voy a matar yo mejor, y haré que ellos paguen el cementerio
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