Por Débora Nos quedamos en su departamento, nos dormimos pegados, sintiéndonos. Me despertaron sus besos. Es como que sus caricias y sus besos me ordenaran dejarme llevar por placer. Y yo era sumisa a sus órdenes y gozaba con ellas. Con la llegada del día y la iluminación del sol que se expandía por toda su habitación, ya que algunos rayos se colaban, juguetones, a través de las rendijas de la ventana, nuestros cuerpos se delineaban perfectos y no había sombras ocultando nuestra desnudez. Parecía que vernos con tanta claridad nos excitaba más, pero anoche, la penumbra, también fue cómplice de nuestra excitación. Todo con él es lujuria, pasión y sexo salvaje. También es el sol que alumbra mis días... sólo espero que no haya más días nublados. Terminamos con el rito del amor y nos a

