Athena
Dos meses antes
Lo primero que hice al llegar a casa fue dejarme caer sobre el sofá de la entrada, estaba exhausta después de lidiar con aquel abogado desesperado por encontrar a su novia. Sentía lastima por él, no me imagino la agonía que debe estar pasando al pensar que alguien tan cercano a él se encuentre secuestrada, pero después de dos meses desde la desaparición de la chica dudo que siga con vida.
No había ningún rastro, ninguna señal, pero ¿qué esperaba? Después de todo estaba lidiando con la mafia.
Hice aquellos pensamientos a un lado y decidí distraerme navegando en la red; había optado por ver una película, pero deseché la idea al instante. No estaba de humor para prestar atención a un melodrama así que la mejor opción para pasar el tiempo era revisar mis r************* . Mensajes de w******p 0, mi registro de llamadas consistía en llamadas del departamento de policía, de Logan y mi padre, vaya que mi vida social es triste. Hice a un lado móvil y tomé el periódico que había llegado esta mañana y que por supuesto no leí. Decidí revisar la sección de sociales para distraerme un poco con algún escándalo de alguna celebridad, pero lo que vi hizo que mi respiración se detuviera.
«El magnate Nader Eljal inaugura su nueva cadena de clubes nocturnos.»
Ahí estaba él tan imponente y peligroso como siempre, tal y como lo recordaba. Habían pasado diez años desde nuestro primer encuentro y aun así no había podido olvidar de él y todo gracias a aquella noche.
—¿Me buscabas preciosa?
Esas habían sido sus palabras mientras apuntaba mi cabeza con un arma. Sabía que no debía intimidarme, pero tener al líder de la mafia árabe ante mi hizo que todas mis expectativas fueran superadas. Un hombre sin escrúpulos dispuesto a matar a sangre fría sin remordimiento, ese era Nader Eljal.
—Si vas a matarme será mejor que lo hagas ahora. —Reté, pero para mi sorpresa no lo hizo. Recuerdo perfectamente como él se deshizo de las balas de mi arma con una sonrisa arrogante en su rostro.
—No eres rival digno. La batalla estaría dispareja ¿no lo crees? —Y sin decir más se marchó.
Ese había sido un golpe fuerte para mi orgullo. A él no le importó mi placa o mi arma, simplemente él me miró como alguien insignificante con quién no valía la pena desperdiciar energía, ni balas y fue desde entonces que inició mi obsesión por atraparlo. Por demostrarle que yo, Athena Brookes es capaz de arruinarlo.
Los primeros meses me dediqué a buscar todo acerca de la mafia desde como funcionaba hasta sus métodos de operación, fue así como nació mi fama para capturar a diversos líderes de la mafia menos al líder de la mafia árabe; sin embargo, a pesar de mi esfuerzo hubo un tiempo en el que jamás volví a saber de Nader, ni un indicio o alguna falla en sus hoteles. Estaba limpio.
Y cuando comprendí que jamás lograría atraparlo dejé a un lado esa obsesión y seguí con mi vida haciendo siempre lo correcto hasta que esta nota apareció frente a mí. Tal vez sea el destino o tal vez una simple coincidencia, no importaba lo que me había llevado a este momento, lo que en realidad importa es que él había regresado y sobre todo lo haría pagar por cada uno de sus crímenes.
[...]
Actualidad
Un sobre amarillo cayó sobre mi escritorio dejando a la vista expedientes y algunas fotografías de los casos que teníamos abiertos, miré a Collins quién no dejaba de mirarme con el ceño fruncido; sabía hacia donde iba todo esto.
—Siete casos sin cerrar en los últimos tres meses —él estaba molesto y entendía sus razones después de todo llevaba tres meses trabajando por mi cuenta para atrapar a Eljal antes de que desapareciera de nuevo, por lo que los otros casos eran irrelevantes para mí. —Eres de nuestras mejores agentes Brookes, si sigues de esta manera no me dejas más opción que suspenderte.
—Pero señor —me pongo de pie rápidamente. —No puede hacer esto, no cuando le he dado mi vida entera a este departamento.
—Demuéstralo entonces. —Collins se dio vuelta sin ni siquiera dejar que yo diera mis razones para trabajar por mi cuenta. Estoy segura que pronto caería, solo era cuestión de paciencia.
—Collins tiene razón. —Logan se sienta sobre mi escritorio.
—¿Aun sigues aquí? —No tenía ánimos de escuchar a Logan así que comencé a ordenar el papeleo que Collins había dejado en mi escritorio hace un momento.
—Sabes bien que no me iría sin ti. —Un extraño calor se expande en mi pecho, después de todo no estaba acostumbrada a ello, pero Logan siempre se las ingeniaba para hacerme sentir de esta manera.
—¿También dudas de mí? —Era injusto que mi propio departamento tuviera tan pocas esperanzas en mi capacidad para atrapar a ese sujeto.
—Jamás lo he hecho —Logan toma mis manos impidiendo que siguiera ordenando. —Eres de las mejores agentes Attie —Logan recorre mi mejilla con su pulgar. De alguna manera me hacía sentir cómoda. —No olvides eso.
—¿Cómo podría hacerlo cuando siempre estás tú para recordármelo? —Me levanto de la silla y uno mis labios con los suyos.
Su manos tomaron mi rostro encargándose de profundizar nuestro contacto, esta era la manera en la que Logan me hacía sentir. Él era capaz de hacerme olvidar mis preocupaciones y mantenerme en la realidad.
—Podrían vernos —reprocho mientras miraba los alrededores asegurándome de que no hubiera moros en la costa, después de todo ambos deseábamos mantener el comienzo de nuestra relación en secreto, por ahora. —No creo que a Collins le agrade una relación entre empleados.
—¿Desde cuándo te importa Collins? —Pregunta mientras vuelve a besarme.
Sonreí. Amaba ese lado rebelde de Logan.
—¿Vamos?
—Creo que tú y Collins tienen razón —digo con pesar. —Me enfocaré más en mis casos que en ese bastardo, así que, me quedaré a examinar algunos datos del caso de Fancescca Trembley. —Logan solo se limitó a asentir.
—La abogada —él pasa una mano por su cabello oscuro. —Espero que la encontremos pronto.
—Yo también. —Digo con pocos ánimos, no podría ver a los ojos a Malek sino la encontramos.
—¡Ey! Estoy seguro que así será —él besa mi frente como siempre solía hacerlo cada vez que me sentía triste. —Te veo mañana.
Vi a Logan perderse entre los pasillos mientras yo seguía trabajando en el expediente de Francesca Trembley. Sabía que Cedric Hayes era un mafioso que lavaba dinero a través de sus hoteles y al ver su negocio arruinado gracias a Francesca y Malek decidió vengarse; sin embargo, ¿para qué tenerla secuestrada? ¿no habría bastado con asesinarla y ya? Eso es algo que todavía no logro entender.
Cierro los ojos y me dejo caer sobre el respaldo de la silla debido al cansancio que me acoge en ese momento; sin embargo, no podía darme el lujo de perder más tiempo, así que, retomé mi postura y comencé a trabajar o esos eran mis planes hasta que las luces se apagaron de pronto. Miré la hora, eran cerca de las once de la noche.
—¿Hola? —Pero nadie respondió ¿qué esperaba? Después de todo nadie se encontraba aquí después de la jornada de trabajo, excepto yo. —Una falla en el sistema de energía. —Me digo a mí misma.
Tomo mis cosas y me dirigí a la salida. Las calles de la ciudad estaban desiertas a esa hora, lo cual era de extrañarse porque después de todo nos encontramos en Nueva York una de las ciudades más transitadas; solo espero encontrar algún taxi. Después de esperar largo tiempo decidí caminar unas calles tratando de encontrar un servicio de taxis, pero para mí mala suerte no tuve éxito.
No tuve más opción que caminar hasta mi casa.
Mientras caminaba puedo sentir como si alguien me siguiera, así que, miré a mis alrededores y no encontré a nadie, seguramente se trataba de mi imaginación, pero eso no significaba que bajara la guardia. Entonces seguí caminando.
Nuevamente me percaté de aquella presencia y definitivamente supe que alguien me estaba siguiendo, así que, me adentré en uno de los callejones para interceptar a mi posible atacante, pero por una extraña razón nunca llegó. Salí del callejón buscando a quien me seguía cuando alguien me tomó por la espalda cubriendo mi nariz con un pañuelo. Traté de defenderme, pero él era más fuerte que yo y aquella sustancia comenzaba a entrar en mi sistema provocándome un fuerte mareo. La fuerza abandonó mis piernas y antes de que mi cuerpo tocara el suelo alguien me cargó y lo último que pude escuchar fue una gruesa voz masculina.
—Buen trabajo.