Slava sonreía. Era la primera vez en más de una década en la que su sonrisa era su sonrisa, auténtica, original. Era la sonrisa de una persona que pasó por un infierno para llegar a donde estaba, pero también para estar con la persona que ella quería. Diez años con el corazón en un baúl para finalmente sacarlo y que fuese amado. Diez años en los que solo pensó en traerlo de vuelta. Diez años en los que soportó las peores cosas para estar con él. Diez años que valieron cada puto segundo que estuvo sobre el pecho de Stephen. —No puedo creer que estés aquí —dijo sintiendo su corazón latir y el calor de su cuerpo—. No creí que volvería a verte. Slava se sujetó de él, lo abrazó, lo apretó, lo sintió. No había suficiente tiempo para estar en esa cama con él. No había suficiente vida para viv

