—¿Una cita? —preguntó Letty. Rayner se rascó el cuello. —Sé que no te gusta, pero me gustaría que saliéramos. Letty achinó los ojos. —¿Salir? —repitió entre dientes. Rayner respiró profundo y quiso explicarse, y ella lo detuvo. —Son lindas tus intenciones. Me hace sentir que no me ves como un pedazo de carne, pero no quiero salir, no quiero citas. Así no funciona nuestra relación —dijo con esa ternura en la voz que solía usar cuando visitaba hospitales infantiles—. Me gusta mucho lo que tenemos, sin nombres y sin problemas de citas. No quiero ositos, chocolates, ni flores. Quiero orgasmos, no una relación. Rayner despegó los labios y ella colocó sus uñas sobre ellos. —Tengo una fiesta que planear —dijo silenciándolo—. Tómate la tarte libre. Piensa. Recapacita. No me gustaría dejar

