Los hombres palidecieron por igual, y sus expresiones eran las de dos personas que preferían ir a prisión que enfrentarse a él. Styx tenía la mitad de su edad, de su experiencia de vida, pero con un puño de acero y un gancho derecho que noquearía al que fuera. Sin mencionar las expresiones de Styx. Sus fosas estaban ensanchadas, sus manos apretadas en un puño, y sus ojos oscuros. Estaba embravecido, con restos de sangre en los nudillos y la sangre fresca de Sierra en el pecho. Styx buscaba un culpable, y lo encontraría. Esperó. Esperó lo que él consideró mucho, y azotó la pared. —¿Quién carajos fue? —gritó que ensordeció la sala. Sawyer tembló de pies a cabeza, y Dalton se quitó la gorra. Ninguno quería decir quien era, pero cuando vieron que Styx sacó la daga de su cintura y les adv

