La “celebración” del matrimonio sería en un restaurante que Styx no quiso cerrar para ellos. Al no tener muchos invitados, le pareció bonito que Sierra compartiera con más personas. Creyó que solo cuatro personas sería aburrido y triste, por lo que arribaron y los lugareños, por esa fascinación por las bodas, los felicitaron, pusieron música y dejaron que se sentaran en el centro del lugar para que todos los mirasen. Eso hizo a Sierra sonreír y le alegró el corazón. Esos gestos que parecían poco, cuando eran tan pocos, era importante. Era lindo saber que alguien se alegraba por ellos. Brindaron, bailaron y rieron. Sierra nunca vio a Styx tan libre, tan natural, tan sonriente, que después de la boda. Nunca lo vio tan ilusionado del futuro, tan enamorado de la vida, que con esa sortija en e

