Styx volvió a la pista de baile con Sierra. Esa vez sin la presión de que debía matarla, de que debía cobrar venganza por Cassio, sin la presión de que al terminar la noche tendría sangre en sus manos. Le gustó solo ir a una recepción de boda con ella, verla con ese vestido hermoso y luciendo como la princesa que era. Amaba verla feliz, y aunque se comió medio banquete de postres, estaba feliz. Le encantaba como se sentía con ella después de la muerte de Cassio. Ya no sentía peso sobre sus hombros, ni esa imperativa necesidad de esconderse. Era él, Styx Caronte, amando a una Lacroux. Eso que por tanto tiempo lo atormentó ya no estaba. Eso que por tanto tiempo le susurró que era malo, que no podía enamorarse de la mujer que lo destruyó, finalmente se silenció. Ya no se sentía mal por ello

