La camilla en la que iba Sierra resonó en el piso. Su cuerpo se balanceó de un lado al otro hasta llegar a emergencias. Rompieron las mangas de su camisa para colocarle suero, curaron algunas de sus heridas y suturaron una cortada que tenía en el brazo. Sierra estaba cansada de colgar en ese camión, de estar cubierta de sangre, y sin comer los últimos cuatro días. Estaba demacrada, sus mejillas hundidas, su cabello sin brillo. Apareció en ese camión en Sheffield colgada como una vaca, inconsciente y herida. Le abrieron la camisa para colocarle chupones en el pecho y medir sus latidos. Pidieron exámenes de sangre y que acordonaran todo el hospital por la importancia de la jovencita. Intentaron despertarla por todos los medios, pero eso que tenía Sierra inconsciencia, era un plan. Una ve

