—Por fin apareces perra. —presiona con fuerza su mano. —Por favor, se equivoca. No lo conozc… —la rubia no termina de terminar la frase, comienza a tener dificultad para respirar. Trata de apartar con ambas manos, los dedos cada vez más firmes y contraídos en su delgado cuello. —Me vas a pagar tu traición —apreta con más fuerza. Mientras que la chica abre sus ojos y pronto se vuelven cristalinos. Comienza a sentirse mareada y su cuerpo se afloja. De pronto, Bodolf parece reaccionar, afloja su agarre y la chica cae al piso. Viendo lo que acaba de suceder, grita a su guardaespaldas, quien entra a la zona privada. —Levántala y sácala de aquí —le ordena en medio de la confusión, frota su nariz con el reverso de su mano. —¿Qué hizo, patrón? —Deja de preguntar estupideces, Caleb. Sácala d

