El ambiente helado no había desaparecido a pesar de la tenue fogata que se alzaba delante de Jon y que iluminaba a tientas por en medio de la oscuridad de la vieja casa. Una capa de escarcha recubría los viejos muebles, ahora convertidos en astillas y madera podrida, y convertía el suelo en un espejo de hielo. De nuevo reinaba el silencio absoluto, no había aves ni cigarras o algún ser vivo que emitiera el mínimo destello de conservar vida, Jon mismo dudó por unos momentos en si él mismo estaría vivo. Todo era tan difuso, como si se tratase de un simple sueño, como si toda su vida y su carrera hicieran parte de un libreto mente para mantener unas esperanzas en algo irreal. Al fin y al cabo, estando allí a solas, con una botella en la mano y en una casa abandonada, haber sido un periodista

