Pensamientos

1460 Words
De nuevo los sonidos se fueron aclarando progresivamente y la luz regresaba a los ojos de Jon. De nuevo reapareció el techo quebradizo sobre su rostro y, aunque la luz había disminuido por el atardecer, las literas se hacían más nítidas y reales de lo que una vez habían sido. Sin embargo, aquel sentimiento de tristeza y depresión no había desaparecido y Jon observó sus manos sin entender todavía qué era aquello que la muñeca le había arrebatado. Jon trató de ponerse de pie, sin embargo, aún sus fuerzas no habían llegado del todo a sus piernas y en su cabeza todo daba vueltas. El tic tac del reloj se volvió relajante pues le recordaba a Jon el lugar en el que se encontraba y que, por lo menos por ahora, seguía vivo. Tanteó con los dedos dentro del colchón y se asustó en un inició por un posible robo de su libreta, pero al cabo de un rato encontró la abertura y dentro de ella la tapa blanda que recubría el manojo de veinte hojas. Sumergiendo más la mano dentro del relleno de algodón, Jon pudo encontrar el bolígrafo extra delgado y lo puso en sus manos sin muchas ganas de escribir, pero sabía que si no lo hacía pronto olvidaría todo aquello. “Despierto de nuevo sobre una cama que no es mía, observando un techo que no es mío y en una sala solitaria que espero pronto olvidar. Me es imposible describir los últimos hechos de mi estadía en este sitio, puesto que, aunque tan solo han pasado unas cuantas horas, muchas cosas han atravesado mi mente y han perturbado mi alma. En momentos como estos es que la resistencia y el orgullo del periodista empiezan a flaquear convirtiéndose en los sentimientos y las debilidades de un simple hombre al cual le han hurgado todo. No estoy seguro si alguna vez estuve tan vulnerable y desnudo frente a otra persona, ni siquiera experimentar las vivencias de un adolescente me hizo sentir de esta manera. Todos mis pensamientos fueron escaneados, todos mis temores revelados y me sentí más solo que nunca. A pesar de todo, tengo la impresión de haber conocido a esa mujer- muñeca, hay un tono de familiaridad, un sentimiento de solemnidad y una esencia que me lleva de nuevo a casa. Por algún motivo, aunque me aterre aceptar que el motivo de mis temores se esconde tan solo a unas cuantas puertas, ella me hace sentir que no estoy solo, que aún tengo esperanzas para conseguir algo más allá de esto. Solo espero que ellos no me consuman. Si pierdo la cordura prefiero morir.” Jon se sorprendió a sí mismo por las palabras que había plasmado en aquel papel. De nuevo, y como siempre, escribir le ayudaba a plasmar mejor sus sentimientos y al final la calma llegó de nuevo. Después de guardar la libreta en su lugar acostumbrado y de coser de forma improvisada su colchón, Jon se recostó mirando al techo sabiendo que algo estaba olvidando en medio de todo aquello. Jon, en medio de un impulso propio de los hombres, pasó su mano por la entrepierna de forma distraída para rascarse los huevos y al fin notó el bulto que había permanecido en su ingle desde la tarde. El pedazo de papel estaba ahora húmedo y rígido debido a los cambios de temperatura corporal, sin embargo, la letra aún era legible y el mensaje más claro que nunca. “Necesito que hablemos, de ser posible hoy mismo. Me comunicaré contigo en cuanto tenga la oportunidad. Firma: Lewis Carroll” Jon sonrió ante la ocurrencia. Tal parecía que la mujer no eran tan mala investigadora como Jon había sospechado en un inicio, al menos sabía ocultar su nombre en un seudónimo aceptable. En un principio, Jon se hubiera tragado el papel para borrar evidencia, pero eso sería asqueroso en las condiciones actuales, por lo que prefirió enterrarlas dentro de su colchón con la esperanza de encontrar un mejor momento para ocultar a evidencia. La puerta se abrió de par en par de repente y de allí regresó el gran grupo con la ropa sucia y con el cuerpo embarrado en una sustancia no solo café sino también aceitosa. El olor del ambiente se saturó, y de nuevo las náuseas volvieron a pesar de que los recién llegados parecían no notar su propio hedor. La mujer que en la mañana había reclamado un poco de comida se veía ahora mucho más pálida que antes, incluso los que habían manifestado su incredulidad tenían algo en su mirada que los había cambiado. El cuarto permanecía en completo silencio. Los pasos eran ahogados por las sandalias y los pies descalzos, los movimientos eran tan lentos que apenas se podían percibir y las caras serías no daban para amainar una conversación. Alicia aún no había entrado en la habitación y Jon temió lo peor por su colega, sin embargo, al cabo de un rato fue traída casi a rastras por dos hombres corpulentos también participantes de la actividad. Jon se bajó de su camarote evitando cruzar miradas con la mujer, a pesar de que de algún modo le causaba cierta tranquilidad ver que estuviera medianamente bien. Caminó por el pasillo lentamente mientras la gente se colocaba harapos sobre la ropa y al fin llego donde la mujer pálida que mantenía su mirada perdida entre las camas. Su cabello era en extremo rizo, pero se veía marchito como la paja al sol. Jon se arrodilló frente a ella y le ofreció una barra de cereales que había guardado para sí mismo. -Puedes comerte esto, estoy seguro de que te hará bien-. Sonrió Jon mientras estiraba su mano y depositaba la barra sobre su mano. -Necesitamos tener energías o terminaremos como terminé yo. Los ojos de la mujer se abrieron como platos y su rostro fue de terror ante el extraño ofrecimiento del desconocido. La mujer miró por detrás del hombro de Jon y al final se echó para atrás. - ¿Está permitido? -. Preguntó la mujer con una voz y una cara de terror. - ¿JJ aprobó que comiera eso? -Eso no importa. Por lo que veo no les han dado comida y tú dijiste que estabas débil y hambrienta-. Respondió Jon aún con una sonrisa genuina en su rostro. - ¡Claro que importa! -. Exclamó la mujer llamando la atención del grupo. -JJ nos dijo que siguiéramos expresamente sus instrucciones. Tenemos que hacer lo que él nos diga, sino todo este esfuerzo será en vano - ¿Aun cuando estés débil y necesites comer? -. Preguntó Jon tratando de convencerla, al fin y al cabo, solo era una barra de cereal. - ¡Me estás tentando y queriendo sacarme de mi camino! -. Gritó de nuevo la mujer, pero esta vez su cabello se erizó como lo haría un gato a punto de atacar. -Esta es una prueba espiritual, si puedo controlar los deseos mundanos de mi cuerpo, lo controlaré todo. Jon se levantó de golpe ante la impresión. La mujer, por su lado, parecía una completa loca, no la locura de una enferma, sino la locura de una desquiciada con sus ojos encendidos, sus uñas como garras y el cabello que se alzaba amenazante. - ¡Sí! -. Comenzó la mujer. -Eres tú. El hereje que se desmayó allí afuera y que hizo un completo teatro para llamar la atención de nuestro señor. No permitiré que me corrompas a mí también. Jon cayó de culo y se arrastró para atrás viendo como aquella bruja estaba a punto de lanzarse sobre él. Los demás en la habitación veían la escena sin mucha expresividad y estuvo a punto de gritar el nombre de Alicia, pero debería estar demasiado débil para ayudarlo. Además, que le garantizaba que no estuviera en su misma situación. - ¡Alto! -. Interrumpió un hombre alto, gordo, calvo y oscuro que se puso por delante de Jon. -él solo trataba de ser amable. -Entonces dile que no trate de corromperme con sus cosas-. La voz de la mujer era extrañamente chillona. -Se lo diré a JJ, no quiero respirar el mismo aire de los impuros. En cuanto la mujer bajó por completo la guardia, el hombre alto se giró y ofreció su mano a Jon que temblaba en el suelo. -Soy Jorge-. Se presentó el hombre. -Lamento la escena, pero creo que todos estamos más alterados ahora de lo que lo estuvimos en la mañana. -Soy Pablo-. Respondió Jon. -Lamento involucrarlo en esto. -No hay ningún inconveniente. Aunque le sugeriría que se vistiera rápido, pronto será la ceremonia de la madre naturaleza y-. El hombre se interrumpió a sí mismo como recordando algo importante. -Créame que no quiere desobedecer a JJ.    
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